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Francisco Prado Alberdi
Presidente de la Fundación Juan Muñiz Zapico 

«El sindicalismo no está de moda porque es beligerante con el discurso oficial»

«Me tocó organizar desde un sitio u otro todas las huelgas generales anteriores y jamás vi una ofensiva antisindical tan fuerte como ahora»

 10:25  
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Francisco Prado Alberdi.
Francisco Prado Alberdi. marcos león
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J. L. ARGÜELLES

La Fundación Juan Muñiz Zapico cumple dos décadas. Fue creada en 1990 por Comisiones Obreras (CC OO) para recordar a Juanín, uno de los dirigentes más populares y carismáticos de los trabajadores asturianos, fallecido en 1977, a los 36 años. Pero esta institución es también un activo centro de análisis histórico y recuperación documental de las luchas del movimiento obrero. Un ejemplo son sus excelentes libros sobre las huelgas de 1962. Al frente está Francisco Prado Alberdi (Mieres, 1945), ex secretario general de CC OO de Gijón y ex responsable de política sindical del PCA, un histórico del citado sindicato que ya perteneció, aún en la clandestinidad, a su primer secretariado en Asturias.

-Cada vez son menos frecuentes las fundaciones con nombres de líderes obreros.

-Así es. Curiosamente, antes había muchas más. Por desgracia, Juanín murió muy joven, pero fue una persona de referencia para todo el movimiento obrero por su talante abierto. Desempeñó un papel de unir fuerzas, y es también la línea que quiere seguir nuestra Fundación. Quizá hayamos tenido una primera etapa más cerrada, más centrada en el sindicato, una actitud que cambió a partir de 1998.

-Usted comparte con Juanín algunas raíces.

-Yo vengo de la Juventud Obrera Católica (JOC) y él no, pero sí provenimos de familias que no eran rojas -soy hijo, por ejemplo, de un policía armada- pero que tenemos algo en común: empezamos a trabajar muy jóvenes y ahí nos encontramos con la realidad obrera, a ver injusticias. Tomamos conciencia y empieza nuestra sindicalización y politización.

-¿Qué destacaría de los veinte años de la Fundación?

-A partir de 1998, el historiador Rubén Vega y yo nos planteamos un giro: la Fundación debe trabajar para la sociedad asturiana. Empezamos con una exposición, que fue muy importante, sobre la transición en Asturias. Y también nos planteamos dar a conocer cosas no sabidas, documentación desperdigada, testimonios directos. Creo, por ejemplo, que los trabajos sobre la huelga del 62 son una obra de referencia. Nosotros proponemos los temas, pero el trabajo es de los historiadores.

-A veces alarma lo poco que hay recogido sobre etapas muy importantes de la historia del movimiento obrero.

-Pues sí. Y es paradójico que en una región como Asturias, con una historia cargada, la documentación estuviera tan dispersa. Por cierto, descubrimos que los archivos de la Guardia Civil eran muy meticulosos, persona por persona. Ahora estamos embarcados en un trabajo que, creo, será muy importante: la historia del movimiento obrero asturiano desde el final de la guerra civil hasta 1977. Existen trabajos parciales, pero queremos presentar una gran obra de conjunto. Hay que buscar financiación, que cada está más crudo. Puede estar editado en el año 2013.

-Malos tiempos para todo lo relacionado con el sindicalismo.

-Malos, pero la ofensiva no es de ahora. Durante años se ha tratado de reescribir la historia, como si la democracia hubiera caído del cielo y el papel del movimiento obrero no hubiera sido fundamental. El sindicalismo no está de moda porque es beligerante con el discurso oficial.

-¿Cómo analiza un veterano sindicalista la huelga del pasado día 29?

-Creo que fue un éxito. Me tocó organizar, desde un sitio u otro, todas las huelgas nacionales anteriores, más otras cuatro, dos en Asturias y otras dos en Gijón. Pues bien, jamás vi una ofensiva antisindical tan fuerte como en esta ocasión. Y hablo del mensaje incluso de medios que pasan por ser progresistas. Ahora bien, hay que aceptar que la clase obrera ha cambiado mucho y que la huelga caló mucho menos en sectores nuevos del mundo del trabajo. Los sindicatos deben adaptarse a esos cambios o lo tendrán difícil.

-¿Qué deben cambiar?

-El problema no es sólo español. El modelo de las centrales es el fordista, porque ahí nacieron: grandes industrias con trabajadores estables. Hay aún mineros y siderúrgicos, pero también otro tipo de trabajador que cambia de empleo y al que tenemos que dar respuestas. Y Comisiones tiene ventaja para poder hacerlo, porque si por algo se caracterizó en su larga etapa clandestina fue por su flexibilidad.

-¿Los sindicatos han dejado de formar a sus afiliados?

-Se hace, pero sí es cierto que con las nuevas generaciones quizá se haya descuidado la explicación de nuestras raíces.

-¿La huelga del pasado día 29 se convocó mal y tarde? Hay quien piensa que los sindicatos se han dejado cortejar durante mucho tiempo por Zapatero.

-Creo que se convocó en el momento oportuno, pese a que llegué a pensar que debió hacerse antes. Una huelga general exige unidad de acción. Además, durante meses el Gobierno respondió a cuestiones importantes en una crisis, como es la cobertura de los parados. Una convocatoria de huelga plantea muchas explicaciones, y en este caso, con la reforma laboral, había mucho que explicar y pocos medios. Antes del verano, hubiera sido un fracaso.

-¿Se puede confiar en sindicatos que reciben dinero de los distintos gobiernos?

-Perciben fondos para cuestiones finalistas, como la formación: tal curso, tanto dinero. Los sindicatos tienen mucha más afiliación que los partidos, ya quisieran éstos, y cobran una cuota alta a través del banco o de la nómina. Ésa es su vía de financiación. Pero, bueno, forma parte del discurso antisindical, como el asunto de los liberados. Yo trabajé en una gran empresa como Arcelor, donde teníamos las horas sindicales que marcaba el Estatuto de los Trabajadores. Es más, la empresa quería que hubiera algún liberado para tener interlocutores ante cualquier conflicto. Desconozco cómo está el asunto en la Administración, donde sí creo que hay más liberados. Es más, puedo decir con datos en la mano que la mayoría de las horas sindicales, fundamentalmente en la pequeña y mediana empresa, no se utilizan.

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