E. M.
Los problemas derivados del intenso tráfico de camiones hacia las obras de El Musel son relativamente nuevos en Pumarín, pero no en otras zonas de la ciudad, especialmente en los barrios de la zona Oeste. Desde el inicio de los trabajos, hace casi seis años, los vecinos de La Calzada y El Natahoyo solicitaron sin éxito que se regulase el paso de vehículos pesados por las principales arterias que conducen al puerto. Ahora, a mes y medio de que concluya la ampliación, respiran tranquilos.
La presidenta de la Asociación de Vecinos «Alfonso Camín», de La Calzada, y también líder de la Federación de Asociaciones de Vecinos (FAV), Teresa Prada, no ha parado de solicitar desde hace meses que «los camiones que se dirigen hacia El Musel transiten por la ronda y accedan a las obras desde Aboño», para que no tengan que recorrer toda la avenida del Príncipe de Asturias, procedentes de la autopista «Y». «Siempre hemos soportado el paso de la carga que llega y sale desde el puerto, pero desde que empezaron las obras, la situación es casi insostenible», aseguró Prada hace unos meses a este periódico. A pesar de las continuas reclamaciones presentadas ante el Ayuntamiento y ante la Autoridad Portuaria de Gijón, los residentes no han conseguido una solución.
En este caso, al incremento del ruido y la contaminación, se suman los problemas circulatorios. «Muchos camioneros no cumplen los límites de velocidad y suponen un riesgo para los peatones», dicen los perjudicados. Para paliar esa situación, el Ayuntamiento instaló los «fotorrojos», un mecanismo que permite sancionar a los conductores que no respeten los semáforos en Príncipe de Asturias.