El recuerdo de años atrás flota en el momento en que se traspasa el umbral del recién inaugurado restaurante del cocinero gijonés Alejandro García Urrutia.
Han pasado unos años desde que la pista de Urrutia se perdiera. Fraguaba lo que ayer enseñó a un puñado de amigos: un lugar lleno de imaginación, colorido, arte y buena gastronomía y bodega.
Todo está a la vista. No habrá secreto ni siquiera a la hora de elaborar los platos, ya que los fogones están totalmente integrados en el diseño del local, obra del arquitecto Hugo Sánchez de la Viña y del interiorista Carlos Conde.
Unas fantásticas Venus de Milo nacidas en esta época y en la España de peineta más arraigada, creación del artista «dEmo», observan absolutamente todo lo que ocurrirá a partir de ahora entre las cuatro paredes del nuevo restaurante de la plazuela San Miguel. Entre los incondicionales de Urrutia se encontraban ayer en el local el estilista Germán Heredia, el sumiller David Barro, los comerciales Ignacio Álvarez, Andres Galyol, Aquilino Tuya y un sinfín de amigos.