Miriam SUÁREZ
El Jardín Botánico Atlántico de Cabueñes se ha convertido en un «laboratorio vivo» para la investigación de soluciones edificatorias más ecológicas. Un campo de pruebas en el que cuatro empresas vinculadas al Parque Científico Tecnológico y la Universidad de Oviedo van a poder testar sus revolucionarias ideas sobre construcción y urbanismo. Consideran que, aunque imprescindible, «sólo con el ordenador no basta».
En la iniciativa participan las ingenierías AST, IA3 y Tectum, así como la constructora García Rama. Su trabajo conjunto está centrado en la búsqueda de nuevos sistemas de fachada y cubierta vegetales. El objetivo es incorporar prestaciones a los edificios aplicando criterios de sostenibilidad y, por tanto, siendo respetuosos con el medio ambiente. Pero, además, se pretende generar una industria en torno a la construcción que podría ser perfectamente exportable.
«Tenemos una idea; la sometemos a técnicas de simulación en el ordenador; y, luego, la testamos en el Jardín Botánico. Si no funciona, volvemos a empezar con otra cosa», resume José Luis Suárez, gerente de AST Ingeniería. Un método científico del que esperan obtener resultados antes de que finalice el año. De hecho, en verano, posiblemente se presente un primer prototipo de fachada vegetal.
Este proyecto de investigación y desarrollo está patrocinado por la Universidad asturiana, aunque los empresarios implicados también aportan dinero de su bolsillo. «Hay que cambiar el modelo constructivo actual, y mucho», coinciden. Con la participación del Botánico, este espacio municipal «deja de ser sólo un museo» para ponerse al servicio de la ingeniería y la construcción. Este laboratorio al aire libre, según José Luis Suárez, «nos permite hacer buenas evaluaciones del ciclo de la vida, para que nuestras soluciones no guarden cartas ocultas. Porque lo que funciona bien ahora, podría no resultar a la vuelta de unos años; por ejemplo, en costes de mantenimiento».