Luján PALACIOS
Cerca de 400 familias de un pueblo de Camboya llamado Tahem pueden beber agua potable y lavarse durante todo el año, sembrar maíz en la época seca y con ello tener dos cosechas cada año y mejorar su alimentación y su calidad de vida, consiguiendo que los jóvenes no emigren y el poblado prospere. Esta «pequeña revolución» ha sido obra del prefecto apostólico de Battambang, el religioso gijonés Kike Figaredo, y también, fundamentalmente, de la solidaridad de los gijoneses.
El Rotary Club de la ciudad y la Unión de Comerciantes de Gijón y Carreño han hecho posible un proyecto impulsado por Figaredo, con la colaboración de todos los vecinos que aportaron su granito de arena: la adecuación del cauce de un río a lo largo de cuatro kilómetros, con la creación de un par de compuertas para evitar que el agua se escape en la época seca.
El plan de actuación tuvo un coste de 100.000 dólares, que se financiaron en buena medida gracias a la venta de pequeños «souvenirs» dentro de la campaña «Una gota de ilusión», impulsada por los rotarios y los comerciantes.
Gracias a ello, los habitantes de Tahem han comenzado a cultivar sus propias huertas y a generar una riqueza que revierte en los más pobres. «Éste es el primer paso para ir aliviando la pobreza en este pueblo», indicó ayer Figaredo en la presentación de la finalización de las obras del proyecto. Ahora toca «educar a los camboyanos para que cuiden las obras públicas, porque no tienen esa mentalidad».
Y en los planes de futuro «formarlos para que tengan sus propios cultivos». Para ello harán falta recursos económicos para cercar las tierras y construir corrales. Además, está pendiente la creación de una sala de partos para atender los 20 nacimientos de media que se dan al mes en el pueblo. Como asegura Kike Figaredo, «vamos paso a paso».