CUCA ALONSO
El Rotary Club se sumó a las celebraciones de 200.º aniversario de la muerte de Jovellanos de un modo brillante y original. Para ello buscó el apoyo del Foro Jovellanos, y entre ambas entidades ofrecieron, en la tarde de ayer y en el patio de la Casa Natal de Jovellanos, una hermosa velada jovellanista. Nada menos que se reprodujo la conferencia que el 22 de septiembre de 1958 pronunció Gregorio Marañón en el teatro Jovellanos, completamente abarrotado, con motivo de conmemorarse el 350.º aniversario de la fundación de la Universidad de Oviedo. Pero lo más interesante, lo que hizo revivir a los presentes un hecho que puede calificarse de histórico, es que la conferencia fue pronunciada por el propio Gregorio Marañón, recogida en una estupenda grabación perfectamente conservada. Su voz se acompañó de imágenes de sus hechos más relevantes, de sus amigos, muchos de ellos personajes clave en aquella España de posguerra.
Abrieron el acto ambos presidentes, Jesús Menéndez Peláez y Eladio de la Concha, de Foro Jovellanos y Rotary Club, respectivamente. El primero dio la enhorabuena al Rotary por el tesoro que iba a ponerse al descubierto, y el segundo hubo de agradecer la cesión de «este espacio tan precioso», antes de dar fe de la vocación jovellanista del club, como demuestra el viaje que la entidad organizó a Mallorca al cumplirse 75 años de la instalación, en el castillo de Bellver, de un busto de Jovellanos costeado por el Rotary gijonés. Las alusiones al contenido jovellanista del discurso de investidura de Francisco Álvarez-Cascos como presidente del Principado tuvieron su gracia y oportunidad: todo era cuestión de Foro, bien político, bien cultural.
Antonio López Vega, presidente de la Fundación Gregorio Marañón, ante su imposibilidad de acudir al acto, envió un escrito leído por Jesús Menéndez Peláez, y por fin comenzó la conferencia al tiempo que la pantalla mostraba la primera página de LA NUEVA ESPAÑA de aquel 23 de septiembre, tal que hoy, hace 53 años, en la que se daba noticia del acontecimiento. Gregorio Marañón tenía una voz muy bonita, su pronunciación era perfecta, y su acento carente de una mínima pedantería. Sus primeras palabras fueron para saludar al entonces alcalde, Cecilio Oliver Sobera, e inmediatamente afrontó su tema, que como salida trataba de reivindicar la trascendencia del siglo XVIII y diversas cualidades de Jovellanos que la sociedad de entonces les negaba tanto a uno como a otro. Por supuesto, tal planteamiento hoy no tendría ningún sentido, ya que nadie discute los frutos del Siglo de las Luces, y la figura de Jovellanos goza de todo el resplandor que merece. Todo ello no obsta para que disfrutáramos del criterio que Gregorio Marañón tenía de Jovino, de su amplio conocimiento del personaje, y de la justicia de sus valoraciones. «Todo lo que gozamos hoy se debe a los hijos del siglo XVIII, a su siembra, cuya cosecha recogimos en el siglo XX».
En las imágenes veíamos a su esposa, Lola Moya, «yo soy como su mozo de estoques», decía. Sus investiduras en diversas academias, amigos como Menéndez Pidal, García Lorca, Pío Baroja, Menéndez Pelayo, Laín Entralgo... Era un hombre guapo, Gregorio Marañón. Cerró el acto la genial comparecencia del padre de la criatura, Casimiro Álvarez, que siendo locutor de Radio Gijón en aquel año de 1958 grabó la conferencia desde el mismo teatro Jovellanos. Al ser aplaudido respondió con un precioso poema, «Plazuela de Jovellanos», escrito por él.