Idas y venidas del Instituto Jovellanos Un amplio huerto en el que se instaló un barco

El centro fundado por el prócer, que se suma a las celebraciones jovellanistas, vivió siete traslados a lo largo de su historia

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Idas y venidas del Instituto Jovellanos Un amplio huerto en el que se instaló un barco
Idas y venidas del Instituto Jovellanos Un amplio huerto en el que se instaló un barco  juan plaza
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Luján PALACIOS


Los «dignos herederos» del Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía están esta semana de celebración, coincidiendo con el bicentenario de la muerte de Gaspar Melchor de Jovellanos. El IES Jovellanos, nacido con el paso de los años del primitivo instituto, el más antiguo de España, fundado por el prócer gijonés en 1797, se ha sumado a las celebraciones del año jovellanista con toda una semana de actividades que ayer quedaron inauguradas de manera oficial.


La alcaldesa, Carmen Moriyón, encargada de dar inicio a los actos, recalcó ayer que «Jovellanos se sentiría orgulloso de ver este centro como referente de la educación en su ciudad» y animó a los estudiantes a trabajar duro, porque «con la educación seréis libres».


A lo largo de los próximos días habrá charlas, conciertos y presentaciones de trabajos. Ayer también vio la luz un número monográfico de la revista del centro, «Aldaba», dedicada al bicentenario; pero uno de los aspectos más llamativos de la semana del bicentenario lo constituye la muestra de maquetas que recoge la historia del centro, desde sus inicios en Cimadevilla hasta su ubicación actual, en la avenida de la Constitución. El profesor Manuel Santiago López se encargó ayer de repasar la larga y muchas veces desconocida vida del Instituto Jovellanos, que tuvo como primera sede la casona de Jovellanos en Cimadevilla, y como primer director al hermano mayor del ilustrado, Francisco de Paula Jovellanos. Su hermana Josefa se encargaría de la escuela para niñas.


El instituto sufrió siete traslados hasta la actualidad, con revoluciones y guerras de por medio y con una azarosa historia en la que pocas veces los alumnos dejaron de tener clase. Así, tal como explicó Manuel Santiago López, el primer traslado tuvo lugar en 1797, cuando comenzó la construcción de la sede formal del que ahora se conoce como Antiguo Instituto. Fue gracias a la cesión de un terreno con amplia huerta en lo que entonces eran las afueras de Gijón, y las obras se vieron truncadas en 1800 por falta de fondos. Sólo fue posible techar una primera planta «provisional», que pese a este carácter transitorio, duró 80 años. En este tiempo, el Antiguo Instituto llegó a lucir una torre en su parte trasera, que daba alojamiento al «mejor reloj que tenía entonces la ciudad», apuntó el profesor.


Cuando finalmente se acometieron las obras para levantar dos nuevos pisos en el instituto, las clases se trasladaron temporalmente a la fábrica de chocolate La Antigua Indiana, en el que hoy es el paseo de Begoña. Los alumnos retornarían a la sede en cuanto finalizaron las obras, pero en 1932 de nuevo fue necesario trasladar las aulas.


Los guardias de asalto ocuparon el centro, y los alumnos pasaron a recibir clase en el Colegio de la Inmaculada, tras la expulsión de los Jesuitas. Junto con los estudiantes, compartieron edificio presos, heridos y militares. Cuando finalmente la Inmaculada fue pasto de las llamas, se produjo un quinto traslado, y en el curso de 1936 las clases se dieron en la Escuela Superior de Industrias. Tras la contienda, los alumnos retornaron a la sede, desde donde viajaron por última vez al actual edificio del Real Instituto Jovellanos.


Todas las idas y venidas del centro están plasmadas en varias maquetas que el profesor ha ido modelando con la colaboración de los alumnos de Diversificación, y que estos días se exponen en uno de los pasillos del instituto.


Los actos de hoy se dedicarán a los alumnos, con la presentación de varios trabajos realizados en las aulas y un concierto y escenifiación de música del siglo XVIII organizado por el profesor Ramón García-Avello. También se presentará «Ilustración y Romanceru», de Josefa de Jovellanos.

Donde ahora hay edificios, antes hubo una gran huerta. La trasera del Antiguo Instituto la componía una amplia zona verde, en la linde misma de la ciudad -como se observa en la maqueta de la imagen de la izquierda-. Y en ella durante algunos años estuvo instalado un barco, para que los alumnos de Náutica hicieran prácticas. No obstante, duró apenas tres años y fue desguazado.

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