25 de mayo de 2012
25.05.2012

«La juventud es un divino tesoro, lástima que haya unos pocos que no tengan conciencia de nada»

«Como de todo y me gusta mucho cocinar para los amigos, pero yo con un par de huevos fritos con patatas...»

25.03.2012 | 06:45
«La juventud es un divino tesoro, lástima que haya unos pocos que no tengan conciencia de nada»

De pequeño le gustaba tocar la guitarra y jugar al fútbol o al baloncesto; pero en la vida de Nacho Robles la hostelería estaba presente desde el principio a través del bar que regentaban sus padres en La Calzada. Décadas más tarde, es el gerente de un clásico de la hostelería local, la Cafetería Banús, que este año ha sido galardonada con el premio al Mejor Local que otorga la Asociación de Hostelería de Gijón «Costa Verde». Un reconocimiento que ha recibido con «una inmensa alegría».

Empresario hostelero

Su establecimiento, Cafetería Banús, acaba de recibir el premio al Mejor Local que cada año otorga la Asociación de Hosteleros de Gijón «Costa Verde». Un galardón que su gerente, Nacho Robles, ha aceptado con la consecuente alegría al ver satisfecho el esfuerzo de desdoblar su oferta en la magnífica terraza situada en el puerto deportivo de Gijón. Nos encontramos ante un profesional volcado en su trabajo, de carácter abierto en lo personal pero reservado a la hora de hacer evaluaciones generales, ya que nunca pierde vista la diversidad de su clientela.


-Por favor, defínase.


-Ante todo, me encanta mi profesión. Me considero trabajador, y quizás excesivamente generoso; el dinero no dura en mi bolsillo. Exigente conmigo mismo y con los demás, pero tolerante con el público. Nací en Gijón (1963), y estoy felizmente soltero. Hace años fui deportista, pero en la actualidad no tengo tiempo.


-¿Dónde vive?


-En la calle Valladolid, es decir, a la espalda de la plaza del Ayuntamiento, en una casa rehabilitada. En pleno corazón de la villa.


-¿De pequeño qué quería ser?


-Me gustaba tocar la guitarra, jugar al fútbol, al baloncesto, pero en seguida entré a participar en la profesión de mis padres, que regentaban un bar en La Calzada. Como estudiante, he de reconocer que no fui bueno, me echaron de todos los colegios para terminar en los Jesuitas. Hace veinticinco años creamos Cafetería Banús.


-¿Por qué ese nombre?


-Cuando el proyecto ya estaba en marcha, en una cena con unos amigos se debatió cómo llamar al nuevo local. Banús surgió por la cercanía del puerto deportivo, por la panorámica de los barcos... Luego nos preguntaban si éramos parientes de la familia Banús.


-¿Se han cumplido sus sueños, con el éxito de su negocio?


-En parte... A medida que pasan los años ves cómo se desvanecen muchos sueños, aunque la terraza forma parte de ellos. Funciona muy bien siempre que hace sol, sea invierno o verano.


-¿Cuál es el colmo de un hostelero?


-Que llegue un usuario, se coloque en la barra y en vez de una copa te pida una lavadora o una plancha eléctrica.


-¿Y quién es el cliente ideal?


-Todo aquel que te deja trabajar bien.


-¿Tiene muchos de esa especie?


-Afortunadamente, sí, aunque también hay algunos de otro tipo. Aquí también se da la variedad, como en botica.


-¿Cree que Banús tiene la ubicación perfecta, o le gustaría otra?


-Es muy buena, pero en invierno las cosas cambian, quizá fuera preferible un lugar más céntrico. Lo ideal seria poder trasladarse según la temporada.


-¿Han perjudicado a su negocio las instalaciones de Talasoterapia?


-El edificio no me gusta, parece una cárcel... En cuanto al perjuicio, me ha quitado las maravillosas puestas de Sol que en el otoño se disfrutaban desde la terraza.


-Parece ser que ésta es una zona peligrosa...


-De noche, sí, y a veces hasta un poco salvaje, sobre todo en los espigones, donde algunos jóvenes se dedican a romper nuestro mobiliario. No siempre hay movida, pero tampoco se puede decir que esté erradicada. La juventud es un divino tesoro, lástima que haya unos pocos que no tengan conciencia de nada.


-¿A quién expulsaría del campo de juego?


-A los que se aprovechan de los derechos de los demás.


-¿Cómo lleva la crisis?


-Capeándola. Si las cosas no se ponen peor, resistiremos.


-¿Y el estrés, cómo lo combate?


-Con un gin-tonic, o dos...


-Iba a preguntarle qué bebe...


-Eso, aunque también me gusta el vino, pero sólo para chatear.


-Oiga, ¿el coñac ha pasado a la historia?


-Tuvo su momento hace años, pero murió. Creo que le hizo daño la publicidad de otras bebidas; es muy raro que alguien pida un coñac. En las sobremesas se ha optado por el orujo o los licores de toda clase. Pero a mí, de vez en cuando me gusta disfrutar de una copa de un buen coñac; los hay sensacionales. Su aroma sigue siendo estimulante.


-¿Y qué come?


-De todo. Me gusta mucho cocinar para los amigos, pero yo con un par de huevos fritos con patatas... ¡Qué rico!


-¿Tiene usted vicios?


-Algunos, pero nada grave, de todo un poco.


-¿Y su mayor virtud?


-Amar a toda mi familia, principalmente a mis padres y mis dos hermanos.


-Es de suponer que, dadas las circunstancias, el fútbol es la estrella de las conversaciones...


-Sí, sobre todo ahora, que está un poco loco. Pero mi convicción es que ni el Sporting va a bajar ni el Real Madrid ganará la Liga.


-¿Qué responsabilidades asume, dentro de Banús?


-Hago de todo, desde labores de intendencia a servir mesas, atender la barra, cocinar...


-¿Qué le ha supuesto recibir el premio al Mejor Local del año?


-Una inmensa alegría.

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