Torcuato, el otro Jovellanos

El Ateneo abre la semana de homenaje a Fernández-Miranda, un gijonés ilustre "de corazón embridado"

16.09.2015 | 04:06
Desde la izquierda, Luis Rubio, Montserrat López y Álvaro Muñiz, ayer, en el Ateneo Jovellanos.

El Ateneo Jovellanos inauguró ayer la nueva temporada 2015-1016, con la presentación del homenaje que la entidad dedicará a Torcuato Fernández Miranda al celebrase el centenario de su nacimiento. La sesión estuvo presidida por la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Gijón, Montserrat López Moro, acompañada de Álvaro Muñiz, presidente ateneísta, y Luis Rubio Barbón, vicepresidente.

Al ver la sala desbordada de público, Álvaro Muñiz, siempre de buen humor, hizo referencia a la tomadura de pelo que supone el anuncio de una ciclogénesis que nos mete el miedo en el cuerpo, para quedarse en una tarde apacible con cuatro gotas de lluvia. Respecto al personaje celebrado dijo que Torcuato Fernández Miranda había sido clave en la historia gijonesa del siglo XX, por tanto es de justicia reconocer y agradecer sus méritos, entre los que se cuenta la fundación del Ateneo Jovellanos. Para ello se ha programado un ciclo de tres conferencias sobre la figura de Torcuato, como profesor universitario, como hombre de Estado y como gijonés excepcional. Actos que serán precedidos de la presentación de un libro, cuyo prólogo corresponde al rey Juan Carlos, y el texto al periodista Juan Fernández Miranda.

Luis Rubio Barbón calificó al personaje como pieza clave de la Transición, y el político más brillante del siglo XX. En su día la entidad le hizo entrega de la Medalla de Oro del Ateneo. Aunque su residencia, por cuestiones políticas estaba en Madrid, siempre tuvo presente a Gijón en su pensamiento. Prueba de ello es que dio impulso a todas las grandes obras producidas en la ciudad, como el desarrollo del Real Grupo Covadonga, el Club Santa Olaya, el estadio del Molinón, el Campus Universitario, o el Parador del Molino Viejo. Hombre serio y austero, pero no frío de corazón, como él mismo manifestó en el discurso de 1973, al inaugurarse la avenida gijonesa que lleva su nombre añadiendo, "soy asturiano y los asturianos tenemos el corazón embridado". Era grande, playo y tierno; abierto y sentimental.

La fundación del Ateneo Jovellanos formó parte del discurso de Luis Rubio Barbón. Torcuato Fernández Miranda elaboró los estatutos y tras fijar el domicilio de la entidad en los antiguos talleres de la Escuela de Peritos, en febrero de 1953 el Ateneo abrió sus puertas con una conferencia del entonces rector magnífico de la Universidad de Oviedo, Torcuato Fernández Miranda. La entidad tenía 20 socios, entre los que se hallaban Julio Paquet, Luis Adaro o Eladio de la Concha. En estos 62 años han pasado por su tribuna dos premios Nobel, varios ministros, e infinidad de nombres ilustres de la Cultura.

Montserrat López Moro cerró la sesión haciendo apología de los méritos del gijonés, al que Aurelio Menéndez comparó con Jovellanos, entre otras cosas por la impronta que ambos han dejado en la ciudad.

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