La desnitrificación comienza en Aboño

EDP ha iniciado las obras en el Grupo 2 de su térmica gijonesa para adaptarlo a la nueva normativa ambiental, imprescindible para seguir operando a partir de 2020

11.10.2015 | 04:40
El director de Energía del Principado, Isaac Pola, y el consejero Francisco Blanco, segundo y tercero por la derecha, acompañados por directivos de EDP durante su visita de ayer a la térmica de Aboño.

EDP ha iniciado la obra civil para instalar una planta desnitrificadora -un reactor químico con el que se reducen las emisiones de óxidos de nitrógeno a la atmósfera- en uno de los dos grupos de generación de su central térmica de Aboño; Aboño 2, que tiene 543 megavatios de potencia. Esta actuación, para adaptar la instalación a la nueva normativa sobre contaminación de la UE, permitirá extender la vida útil de este grupo térmico hasta 2035, que en caso contrario tendría que cerrar en 2020. EDP recibió ayer en Aboño la visita del consejero de Industria del Principado, Francisco Blanco, quien destacó la "trascendencia medioambiental fundamental, porque van a permitir reducir las emisiones de óxidos de nitrógeno a la atmósfera en más de un 50 por ciento" respecto a la actualidad.

Los óxidos de nitrógeno, junto a los óxidos de azufre, a las partículas inferiores a diez micras y al mercurio, son los principales contaminantes que emite una térmica de carbón. En el caso de los dos tipos de óxidos, son además responsables de la lluvia ácida. La térmica de Aboño ya instaló en 2008 una desulfuradora para reducir los de azufre y ahora su Grupo 2 va a ser el primero que contará en España con una desnitrificadora, que además hará que las emisiones de ese contaminante estén muy por debajo de los nuevos límites legales, según EDP. Unos límites de emisión que están controlados por el Principado, que recibe en tiempo real desde la sala de control de la central la cantidad de emisiones de óxidos de nitrógeno, óxidos de azufre y partículas que salen de las chimeneas de EDP.

A la obra de Aboño le seguirá la misma actuación en el Grupo 3 de la térmica de Soto de Ribera, también de EDP. Ambas proyectos, llave en mano, ejecutados por TSK en consorcio con Mitsubishi Hitachi Power Systems, con una inversión conjunta de 100 millones de euros, de los que 55 serán para la desnitrificadora de Aboño.

El proceso para reducir emisiones con una desnitrificadora consiste en hacer pasar los humos que salen de la caldera por un reactor en el que se inyecta amoniaco diluido en agua y que cuenta con un catalizador metálico que acelera una reacción química. El resultado es que la mayor parte de los óxidos de nitrógeno se convierten en nitrógeno y agua, que son inocuos, si bien en el proceso se escapa una pequeña parte del amoniaco a la atmósfera.

Ese proceso químico tiene que hacerse a temperaturas de unos 400 grados centígrados, por lo que el reactor debe situarse justo a la salida de la caldera, a 80 metros de altura, explica Javier Izquierdo López, director de producción de la central. Se trata de una instalación básicamente en vertical, cuya obra civil que ahora comienza es crucial. Dado que el suelo sobre el que se va a instalar está formado por materiales de relleno ganados en su día a la ría de Aboño, es necesario pilotar, que es en la fase en la que se está, bajando hasta 30 metros, donde ya se encuentra roca firme.

La futura instalación estará plenamente operativa en octubre de 2016 (entrará en pruebas en agosto) y supondrá la reducción en un 80% de las emisiones de óxidos de nitrógeno que ese grupo térmico emitía a la atmósfera en 2008, fecha en la que EDP ya dio un primer paso cambiando los quemadores de sus dos grupos térmicos de Aboño para instalar otros de baja producción de óxidos nitrosos, lo que dio entonces una reducción de entre el 40 y el 50 por ciento.

El momento crítico en la construcción de la desnitrificadora será entre Semana Santa y julio de 2016. El montaje del reactor durará unos cuatro meses, de los que dos coincidirán con la parada técnica que cada cuatro años se hace en el Grupo 2 para mantenimiento. La coincidencia de esa parada técnica en 2016 es lo que determinó la fecha de inicio de las obras.

El director de proyectos de EDP, Marcos Antuña Egocheaga, señaló ayer que esta inversión "significa mantener la vida de las centrales hasta el año 2035. En otro caso estaríamos obligados prácticamente al cierre a partir del año 2020", agregando que la inversión "es una decisión estratégica de primer orden, se estudió con mucho detalle en 2013 y 2014 y contamos con que sea una inversión rentable sin posibles ayudas. Si las hay, bienvenidas sean".

La rentabilidad es poder seguir produciendo, evitando el cierre de una instalación muy cercana a El Musel, por el que recibe sus suministros, y también muy próxima a ArcelorMittal, uno de sus principales clientes y al que además le compra los gases de sus hornos altos, que EDP usa como combustible en Aboño. La térmica genera una cuarta parte de su energía con los gases de Arcelor, cuando los hornos altos están a pleno rendimiento. El Grupo 2 de Aboño es la central térmica de carbón en España con más horas de actividad a lo largo del año. En sus 30 años de vida ha estado funcionando 230.000 horas, generando 107.000 gibavatios.

Antuña indicó ayer que "las inversiones medioambientales no dan ningún beneficio a parte de poder seguir funcionando, es decir, no dan ningún retorno, lo único que originan es coste, pero estamos obligados legalmente y lo que tenemos claro es que apostamos por Aboño y Soto para que sigan funcionando hasta 2035".

Francisco Blanco, por su parte, también apuntó que junto a la mejora medioambiental, las actuaciones de EDP en Aboño y Soto "van a generar mucho trabajo también durante todo el proceso de instalación y sobre todo alargan el futuro de las dos centrales, con todas las ventajas que esto supone para Asturias, de empleo directo, pero también de disponibilidad de un suministro eléctrico fiable a corta distancia de grandes industrias consumidoras, como son Arcelor, Alcoa y Asturiana de Zinc", lo que le llevó a calificar a la térmica gijonesa de "una pieza clave para en el futuro de la industria asturiana, que con estas inversiones tiene un futuro prometedor, por lo menos en los próximos años".

La construcción de ambas desnitrificadoras supondrá generar 200 empleos mientras duren las obras, que se harán con un decalaje de seis meses entre ambas plantas, por lo que la de Soto entrará en servicio en 2017.

El consejero de Industria también aprovechó su visita ayer a Aboño para recordar que el Gobierno central no acaba de aprobar el decreto de pagos por capacidad, mediante el que se subvencionaría la construcción de desnitrificadoras en las centrales que consuman carbón nacional. La Comisión Nacional de la Competencia emitió un informe, no vinculante, contrario a ese decreto al considerar que la UE podría estimar que se trata de ayudas de Estado indirectas a la producción de carbón.

"Es de agradecer que en este marco de incertidumbre y sin ayudas estatales, EDP haya decidido hacer por su cuenta y con sus propios recursos esta apuesta por la planta", señalo el Consejero, quien consideró que la falta de ayudas sí está poniendo en peligro la continuidad de otras térmicas.

Mientras el futuro del Grupo 2 de Aboño, que acaba de cumplir 30 años, está garantizado hasta 2035 con esta inversión en marcha, el del Grupo 1, diez años más viejo y de 360 megavatios de potencia, está en el aire. EDP puede optar por construir para el mismo otra desnitrificadora o si no, a partir de 2020 tendría que reducir su producción a un máximo de 1.500 horas anuales o un total de 17.500 hasta su cierre.

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