Cascanueces es cosa de niños

El Ballet de San Petersburgo dejó el protagonismo en el escenario del Jovellanos a los bailarines aficionados locales

12.12.2015 | 04:40
Cascanueces es cosa de niños

Ayer, en el teatro Jovellanos y en doble sesión, el Ballet Clásico de San Petersburgo puso en escena una obra tradicional de la Navidad, "El Cascanueces", con música de Chaikovski. Estas compañías ya nos tienen acostumbrados a que exploten su condición de rusas como garantía de calidad, y al final muchas de ellas cumplen su papel muy discretamente. Ayer se repitió el caso; "El Cascanueces" de San Petersburgo resultó ser un espectáculo muy normalito en su conjunto. Es de suponer que dicha compañía dispondrá de un montón de elencos, y aquí no viene el mismo que viaja a París o Londres, por decir. Anoche, lo mejor, una vez más fueron los niños gijoneses, integrantes de la sección de ballet del Real Grupo de Cultura Covadonga, que cumplieron su trabajo con gracia y seguridad, como si toda la vida hubieran estado sobre las tablas.

El alzado de telón nos dejó ver una escenografia, representando el exterior de un palacio, demasiado acartonada; fue algo más convincente la segunda, donde se expone un salón de dicho palacio, presidido por un gran árbol de Navidad. Varios niños de diversa edad juegan y bailan ofreciendo escenas vistosas, alegres y coloristas. Aparece un mago con sus muñecos articulados, sigue la fiesta, todos reciben sus regalos y a la cama. Es cuando los preciosos ratoninos y ratoninas hacen de las suyas; ellos son lo mejor del espectáculo. Por el contrario los ratones grandes son feos y desagradables.

En cuanto al vestuario, bien, normal, algo anodino. El cuerpo de baile tal vez lo de más mérito por su número. Catorce chicas en escena vestidas con sus tutús es algo de una belleza incuestionable; aparte el grupo era bastante homogéneo y disciplinado, y de las figuras centrales poco que decir, tanto Masha como el Príncipe cumplieron su tarea sin deslumbrar. No eran primeras figuras. Masha adoleció de caso dominio de los brazos y el Príncipe, algo pasado de peso apenas brilló. Aun así el abundante público del Jovellanos, que casi alcanzó el lleno, se mantuvo complaciente y entretenido. Los niños gijoneses lograron adornar la velada.

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