Terciopelo púrpura coronado de espinas

El Encuentro de Madre e Hijo compuso uno de los momentos estelares de la Pasión local

24.03.2016 | 04:45
Jesús Cedeira recibe la medalla de la Santa Misericordia.

La procesión del Encuentro Camino del Calvario es una de las más bonitas de la Semana Santa gijonesa. Participan ella cuatro pasos, resplandecientes y muy bien cuidados, pero lo principal es su significado. Así lo expuso Luis López Menéndez, párroco del Espíritu Santo, en su sermón ante el Palacio de Revillagigedo.

La comitiva se había iniciado en la iglesia de San Pedro con la salida de la imagen de Jesús Nazareno, llevada a hombros por diecisiete cofrades de la Santa Vera Cruz. Iba cubierto por un manto de terciopelo púrpura, y la cabeza coronada de espinas; así quisieron verlo sus verdugos, como un falso rey para escarnecerlo. Su espalda se doblaba por el peso de la Cruz. La multitud asistía en silencio hasta que fue roto por un redoble de tambores. Mientras al Nazareno avanzaba, había salido de la Capilla de la Soledad el paso de la Verónica portada por hermanos del Santo Sepulcro.

Mientras ambas imágenes iban recorriendo las calles de Cimadevilla, bien abrigadas de fieles, en el interior de la iglesia de San Pedro se procedió a la solemne ceremonia de admisión de seis nuevos cofrades de la Santa Misericordia. La banda Unión Musical del Principado de Asturias entonó la marcha titulada "La madrugá", y luego, el hermano mayor de la cofradía, Ignacio Alvargonzález, leyó el evangelio de San Lucas. "Si alguno de vosotros quiere venir en pos de mí, que coja su cruz y me siga..." Recibieron sus medallas, Jesús Cedeira -sujeto a una silla de ruedas ya que padece distrofia muscular desde su nacimiento-, Luis Angel Tomillo, Noelia María Álvarez. Marcos Fernández Piedra, Nerea Quintana, y la preciosa niña Celia Fernández, de tres años. Como cierre de la acogida la banda entonó el "Toque de oración".

Estaba bellísima la Virgen Dolorosa, con su manto negro bordado, rodeada de infinidad de flores blancas. Antes de salir a la explanada, Ignacio Alvargonzález leyó los versos del Via Crucis de Gerardo Diego, "Dame tu mano María / la de las tocas moradas..." Faroles rojos, incienso, la Virgen avanzó unos pasos, y se detuvo para escuchar el Himno Nacional que la saludaba. Iba acompañada por la cofradía de la Santa Misericordia, al encuentro de su Hijo, y seguida del paso de San Juanín de la Barquera, en cuyos porteadores participaban miembros de la Asociación de Veteranos Paracaidistas.

Una vez en la Plaza del Marqués, se enfrentaron Madre e Hijo. Antes, la Verónica había enjugado el rostro de Jesús. En medio de las emociones el sacerdote Luis Lopez tomó la palabra. Dijo que en esta Semana Santa ya no somos los mismos; hemos perdido ilusión, sufrimos desengaño y fracasos, pero la Pasión de Cristo nos ayuda a levantarnos. Destacó la valentía de la Verónica, que en medio de un ambiente hostil se atrevió a dar el paso y salir en ayuda de Jesús. Y refiriéndose al significado de la procesión, don Luis López añadió: "Sólo una madre que ha visto morir a su único hijo, puede entender el dolor de María. Ella es nuestra fuerza y nuestra esperanza".

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