La Nueva España

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Gijón en el retrovisor

Un archivo para entender nuestra historia

El palacio de Revilla-Gigedo fue donado en los años setenta para ser un gran centro cultural por el precio simbólico de veinticinco millones de pesetas

El palacio de Revilla-Gigedo y la colegiata de San Juan Bautista, a principios del siglo XX. COLECCIÓN LAUREANO VINK

En la reciente emisión por la segunda cadena de RTVE de la excelente película de Josefina Molina "Esquilache", ya se recuerda como el conde de Revillagigedo, Juan Francisco Güemes y Horcasitas, amenazó con dimitir como consejero del Gobierno si el rey Carlos III ordenaba disparar contra la multitud que rodeaba el Palacio Real en marzo de 1776, con motivo del histórico "Motín de Esquilache", a causa de la oposición popular de cambiar la capa larga y el sombrero de ala ancha habitual vestimenta de los madrileños, por la capa corta y el sombrero de tres picos. Siempre conviene recordar nuestra historia para marcar un camino idóneo a nuestro futuro.

Una cubertería de oro macizo para quinientos comensales había en el palacio de Revilla-Gigedo. En aquel año de 1907, además de perder medio arenal de la playa, el 23 de septiembre fallecería Álvaro Armada y Fernández de Córdoba, nacido en Gijón en 1843, hijo de Álvaro Armada Valdés y de Manuela de la Paciencia Fernández de Córdoba y Güemes, condesa de Revillagigedo, marquesa de Canillejas, condesa de Güemes, dama de la Reina de quien fue su anfitriona en sus estancias en Gijón -en aquellos tiempos en los que en el palacio de Revillagigedo había una cubertería de oro macizo para quinientos comensales y una extraordinaria pinacoteca que desaparecería en 1936- quien además de sus históricos títulos nobiliarios aportaría a su matrimonio cuantiosas propiedades en Andalucía. Todo un personaje Manuela de la Paciencia -nada agraciada físicamente, pero con un gran señorío andaluz- quien lo primero que hizo fue darse el capricho de construir un curioso palacete de cuatro torres en picos en la finca de Deva.

Álvaro Armada Valdés -mecenas de Ramón de Campoamor y de Dionisio Fierros, a quien tenía como su pintor de cámara- puso en marcha la primera piscifactoría de Europa en su finca de Deva en el acuífero del arroyo de Peñafrancia. Un hombre ilustrado quien hasta escribió un libro de poesía romántica y lo publicó con el seudónimo de "Barón de Fritz".

El diario "El Carbayón" destacó a su muerte que "se hicieron notar por su caridad inagotable con los pobres, por el atractivo de sus bondades, así como por su esplendidez y tren suntuoso, el pueblo los llamaba los grandes de España".

El fallecimiento del impulsor del puerto de El Musel fue ignorado por algunos periódicos locales. No tuvo tanta suerte con las necrológicas cuando murió su hijo Álvaro Armada y Fernández de Córdoba, el sexto conde de Revilla-Gigedo, séptimo marqués de San Esteban del Mar del Natahoyo, cuarto conde de Güemes y decimoséptimo Adelantado Mayor de La Florida, ya que ni "El Noroeste" ni "El Publicador" dedicaron una línea al óbito de quien había defendido denodadamente la construcción del nuevo puerto de Gijón, en El Musel.

Al ser propietario de gran parte del viejo puerto le advirtieron de que estaba yendo contra sus intereses -aunque las viperinas lenguas gijonesas afirmaban que lo que quería evitar era que el carbón de los trenes le pusiesen negras las almenas de su palacio- pero él siempre tuvo claro que el nuevo puerto había que construirlo en El Musel y mantenía que "yo trabajo por Gijón y por España, que es lo que tengo que hacer".

Pero no solamente fue decisivo para la construcción del Musel, sino también para la creación de la Escuela de Artes y Oficios, la ampliación del Instituto de Jovellanos, la apertura de escuelas rurales y la traída de aguas a Gijón, desde sus responsabilidades como diputado y senador por derecho propio.

Asimismo, en su testamento dejó establecida la creación de una Fundación para la Formación Profesional que no pudo ser hecha realidad hasta su inauguración el 18 de septiembre de 1929, en El Natahoyo. En aquella finca del centro educativo encomendada a los jesuitas está la ermita de San Esteban, uno de los edificios más antiguos de Gijón, ya que data del año 1648. Este pequeño templo fue capilla ardiente de Jovellanos cuando su cuerpo llegó a Gijón tras morir de una pulmonía en Puerto de Vega, a la que no pudo sobrevivir debido a que su debilitado cuerpo llevaba años siendo envenenado con sal de plomo por uno de sus criados que había sido comprado con diez monedas de oro por Godoy.

Estuvo casado con María del Carmen Rafaela de los Ríos-Enríquez y Miranda de Grado, quien vistió de luto desde que se quedó viuda. En los veraneos en Deva con sus hijos y sus nietos -a los que no les permitía sentarse antes de que lo hiciera ella- les daba después de comer unas exquisitas pastas de Casa Rato que guardaba celosamente en una caja atada con una cuerda.

No obstante, con una encomiable elegancia, el diario "El Comercio" que era "apagadorista" y siempre estuvo en constante oposición a él, sí le dedicó una cariñosa necrológica premonitoria: "Gijón espera en medio de su pésame, que la sombra y apoyo que le prestó al ilustre finado lo continuará la rama nobiliaria honrosamente representada por sus sucesores. En todos los pueblos suele existir un antiguo, prestigioso y secular protector que extiende sus benéficas influencias cuando necesitan acogerse al favor oficial".

La donación del palacio a Gijón para hacer un gran centro cultural. Y así fue porque décadas después, su nieto Álvaro María del Milagro de Armada y Ulloa, además de donar en los años sesenta varios acuíferos de su propiedad en Deva para paliar el problema del abastecimiento de agua, también tuvo la generosidad de vender a Gijón por el precio simbólico de veinticinco millones de pesetas el palacio de Revilla-Gigedo, la colegiata de San Juan Bautista y los edificios adyacentes. La operación se llevó a cabo tras una discreta gestión del constructor y entonces concejal del Ayuntamiento, Ángel Rodríguez, cuando era alcalde Luis Cueto-Felgueroso, compraventa que se encauzó a través de la lamentablemente desaparecida Obra Social y Cultural de la Caja de Ahorros de Asturias.

José Manuel Vaquero, corresponsal en Gijón de LA NUEVA ESPAÑA, publicaba el 8 de marzo de 1978 la noticia: "El palacio gijonés de Revillagigedo, del siglo XV, va a convertirse en una gran casa de cultura, después de ser sometido a una importante obra de restauración, sin alterar su fisonomía arquitectónica exterior, pero introduciendo una serie de modificaciones en la distribución interior que permitirá el aprovechamiento de una superficie de 5.930 metros cuadrados. Esta casa de la cultura, absolutamente necesaria para Gijón, que con más de 200.000 habitantes es la primera población asturiana, constará de tres plantas destinadas a hemeroteca, salas de exposiciones, centros de reunión, cafeterías, oficinas, salas de junta, salas de conferencias, salas de lectura, una planta-jardín y un almacén. El proyecto es de la Caja de Ahorros de Asturias, entidad que adquirió el viejo palacio en veinticinco millones de pesetas".

Actualmente el palacio de Revilla-Gigedo no tiene finalidad alguna y nadie puede poner en duda de que es el lugar idóneo para que allí sea creado un prestigioso centro de investigación con el valioso archivo de la histórica familia.

Su gran importancia la ha sintetizado Javier Morán en LA NUEVA ESPAÑA: "El archivo de la familia Revilla-Gigedo consta de un millón de páginas con amplísima documentación sobre la historia de Gijón, Asturias, España, México y los EE UU. Este patrimonio cuenta con documentos sobre la historia local de los que incluso carece el archivo municipal gijonés. Consta de cuatrocientos noventa y un legajos y es, sin duda, uno de los archivos privados existentes en el mundo más importante. La historia de España en la Edad Moderna, la de México, así como la historia de Norte y Sur América, no podrá escribirse sin consultar este archivo de inestimable valor. No tiene precio, según el juicio del prestigioso historiador Eugene Lyon". No verlo es de ciegos.

Compartir el artículo

stats