Sobre Álvaro Bueno Sánchez y su impagable dedicación

06.04.2016 | 02:38

El viernes 18 de marzo pude leer un artículo sobre Álvaro Bueno que primero me dejó lleno de estupor y después de indignación. Porque ya desde su titular es ofensivo, difamante, falta al respeto y al honor y sobre todo a la verdad. No sé quién es su autor o autora, pero condenarlo a galeras es poco. No se puede hacer un escrito así sin contrastar la información, sin dar opción a la persona que se está enjuiciando de mala manera de ofrecer su versión y menos poniendo en su boca cosas que no son ciertas. Es un artículo alevoso, al servicio de intereses bastante claros.

Álvaro Bueno Sánchez es doctor en Botánica, su profesión es su vida y sin él me atrevo a decir que el 80%, y a lo mejor me quedo corto, del Jardín Botánico Atlántico de Gijón no hubiese sido posible. Y no me refiero a la parte lúdica y festiva de las actividades programadas en el Botánico que tanto tirón tienen ahora, y que dicho sea de paso pueden ser un buen valor añadido. Me refiero a la verdadera esencia del Jardín, su conceptuación, su desarrollo y crecimiento, su base científica, su difusión internacional en los ámbitos científico-culturales más prestigiosos. Álvaro ha colocado en el mundo botánico al de Gijón, ha propiciado y llevado a cabo numeroso estudios, intercambios, publicaciones e impulsado el Banco de Germoplasma Vegetal, verdadera joya y legado para las generaciones venideras.

Es un trabajador incansable, destina más horas a su trabajo para el Botánico de las razonables, horas que roba a su marido, a su familia y a sus amigos. Además no conozco a nadie más generoso, bondadoso y optimista. Quizás demasiado bien pensado, puesto que no ha visto venir esta rastrera zancadilla. Como cualquiera que se esfuerza en su trabajo y que le apasiona por encima de todo, seguramente pretende que la gente que le rodea cumpla con su cometido, no ya excepcionalmente, sino solo que cumpla. Y claro, esto molesta, se está muy cómodo viendo los toros desde la barrera y mirando para otro sitio.

Cuando Jesús Martínez Salvador llegó al Botánico haciéndose cargo de su gerencia, Álvaro confesó estar encantado por contar con una persona joven, dialogante, con iniciativas y sobre todo muy dispuesto a aprender y sensible a las necesidades del equipamiento. Pero después de la creación del ente Divertia, Jesús Martínez fue nombrado su Presidente y más tarde concejal electo por Foro, por lo que abandona en la práctica su labor en el Botánico; esto motiva que a día de hoy, el Jardín Botánico no tenga un director y de hecho la situación es caótica. Incluso administrativamente ya no se encuentra allí a ningún responsable. Me consta que Álvaro Bueno ha reclamado por activa y por pasiva que se resuelva esta situación, para evitar un deterioro mayor. Por supuesto esto es una verdad incómoda, y lo que procede es deshacerse de la voz que lo señala.

También es impensable que de la boca de Álvaro haya salida esa calificación de "jardín aldeano" o "paleto"; no de alguien que lleva más de 16 años de su vida empeñado en hacer del Botánico de Gijón un referente. Lo que sí puedo imaginar es que haya advertido del riesgo de que se convierta en ese jardín aldeano si no se corrige el rumbo actual. O sencillamente que sea un jardín regido por aldeanos y paletos, que no es lo mismo que decir que lo que es aldeano es la instalación.

El peso de la actividad recae en técnicos como Álvaro que tratan de mantener a flote la nave, teniendo que emplearse en funciones que claro que no son las propias. ¡Y tienen la cara dura de decir que desempeña labores que no son de su incumbencia! Por ejemplo, dar la cara con los proveedores y prestadores de servicios externos que han visto como sus facturas pasaron de atenderse en 60 días o menos a los más de seis meses que tarda Divertia en pagar. Para que luego alguien saque el pecho diciendo que este Ayuntamiento cumple con la ley de pagos (¡30 días para las administraciones públicas y 60 para las empresas, que además comenzarán a contarse a partir de la fecha de recepción de las mercancías o prestación de los servicios!).

Pero ¿saben qué? Tengo 53 años y empiezo a sentir verdadero hartazgo ante situaciones como ésta, donde veo cómo se descabeza a la gente válida y trabajadora a base de calumnias y mensajes torticeros. Además de denunciarlo, solo se me ocurre parafrasear al bueno de Labordeta cuando se dirigió en el parlamento a sus señorías y les dijo: ¡A la mierda, a la mierda ya hombre!

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