LUIS SALAS RIAÑO | Poeta, acaba de publicar "Al sol de medianueche"

"La poesía en Asturias tiene en la actualidad más nivel en asturiano que en castellano"

"La cuestión de la emigración es ahora más relativa; desde Noruega veo mi pueblo con la webcam y reconozco a mis amigos"

17.05.2016 | 19:07
Luis Salas Riaño.

Vive desde hace veintisiete años en Noruega, donde ha impartido clases de español y ahora trabaja en la integración de menores refugiados. Luis Salas Riaño (Infiesto, 1960) acaba de publicar "Al sol de medianueche", editado por el sello gijonés Impronta, donde reúne ciento cuarenta y siete sonetos en asturiano.

-Llevaba más de una década sin publicar poesía. ¿Por qué?

-Casi lo impone el hecho de que no viva en España. Vivo ajeno al mundo literario, y si publico es por mi amistad con Carlos García Espina. Ahora bien, escribo, aunque no sea mucho.

-En este libro se acoge a una composición fija, el soneto.

-Bueno, hay ahí una vanidad y una carencia. Como estoy fuera del mundo literario, pues quiero expresarme a través de una forma conocida, estudiada, clásica. Creo que es más significativa una forma estrófica de este tipo que un poema libre. No sé escribir poesía libre o moderna; me parece muy difícil.

-Ha tenido siempre esa querencia por las composiciones clásicas. Recuerdo aquel "Fragmentos de metro incierto", publicado en 1985.

-Sí, cierto. Entonces escribía basándome en la métrica griega, en la "Antología palatina". Me gustaba mucho ese tipo de efectos musicales. Como la métrica griega y latina no se puede volcar exactamente en castellano, por la medida y calidad de la sílaba, adopté una serie de corsés estróficos.

-Se siente más a gusto fijando las reglas de juego...

-Eso es, me da más libertad. A mí me ocurre que no sé valorar bien un poema libre. No entiendo a Rimbaud.

-Rimbaud también escribió sonetos...

-Sí, lo que quiero decir es que yo me he encontrado a gusto con el molde del soneto. Es como el mosaico en relación a la pintura libre; hay que adaptarse a las teselas, combinándolas.

-En la poesía asturiana de los últimos años no hay muchos ejemplos de uso de las formas estróficas tradicionales.

-Es cierto. Defiendo la recuperación del asturiano como lengua literaria, que tenga un fondo clásico. Me gusta, además, introducir temas eróticos, vitales, escatológicos...

-Hay una perspectiva ya suficiente -cuatro décadas- para evaluar la recuperación literaria del asturiano a través de lo que se ha llamado el Surdimientu. ¿Cuál es su opinión?

-La veo bien, igual que cualquier otra literatura. Todo depende de la calidad, y no sólo de la poesía, sino también de la prosa. Están Antón García, Xuan Bello, Miguel Allende, Berta Piñán... Me parecen extraordinarios. Tienen la misma calidad que otros escritores en español y creo que son mejores que autores asturianos que escriben en español. A mi juicio la actual poesía que se hace en Asturias tiene más nivel en asturiano que en castellano.

-Lleva casi tres décadas viviendo en Noruega. ¿Cómo se ve Asturias desde aquellos fríos?

-La cuestión de la emigración ahora es más relativa. Tienes Internet; veo mi pueblo con la webcam y reconozco a mis amigos cuando pasan. Estoy en una constante cercanía con Asturias, más que con España. No hay distancias.

-Usted ha conservado la relación con la lengua asturiana. Ha hecho traducciones y escrito relatos o poesía...

-A veces escribo en español y lo traduzco, y al revés. Mi relación con el asturiano es natural. Está motivada por la influencia de la cultura noruega con su lengua.

-¿A qué se refiere?

-En Noruega existe una situación diglósica, al igual que en Asturias. Hay una lengua oficial y otra basada en los dialectos, una especie de koiné, al igual que el asturiano, y es tan oficial una lengua como la otra: el noruego y el nuevo noruego. Eso no ocurre en Asturias, y es una de las razones por las que escribo en asturiano desde Noruega. A ver si se logra aquí, porque no hay nada conflictivo en esa situación. Tengo interés en que el asturiano sea también una lengua oficial.

-¿Habla bien el noruego?

-Sí, claro. Hablo ya más noruego que español, así que cuando viajo a España me cuesta un poco hablar el español. El noruego es difícil y para su aprendizaje sueles partir de cero. Yo no fui a clases; lo aprendí por amor, por mi mujer, y empecé haciendo traducciones al asturiano de cuentos populares o de la obra de (Henrik) Ibsen.

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