04 de junio de 2016
04.06.2016
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Una sirena de agua dulce de cuyos hechizos sólo se libran dos bueyes mellizos

Una talla del siglo XVIII ilustra una popular leyenda de la Sanabria zamorana

04.06.2016 | 06:04
Alberto Álvarez Peña y Enrique Burguet Fuentes, con la talla de la sirena en primer término.

"La sirena de Sanabria" teje una curiosa leyenda. Se trata de una talla de madera del siglo XVIII que, explicó Alberto Álvarez Peña en el Club LA NUEVA ESPAÑA de Gijón, está muy relacionada con una creencia muy popular en todo el noroeste peninsular. El propio Álvarez Peña la descubrió en 1989, cuando la fotografió, pero la sorpresa llegó hace relativamente poco tiempo, cuando Enrique Burguet Fuentes la compró en un anticuario de Oviedo.

La talla estaba situada en una contraventana de una casa situada en Vigo de Sanabria (Zamora) y en ella aparece, precisamente, una sirena. "Una sirena fluvial", matizó Álvarez Peña, ante la creencia de que estas criaturas siempre vivieron en el mar. "Hay una pintura de John William Waterhouse en la que aparece una sirena dulce", explicó el etnógrafo.

El origen de estos seres procede de la mitología celta, pero fueron los clérigos los que empezaron a darle el significado que se aprecia en la actualidad. "La de la lujuria, la de la perdición de los hombres", anotó Álvarez Peña, quien quedó prendado de la talla y, por ello, decidió investigar la historia que la rodeaba. Hasta que la encontró.

Las sirenas de agua dulce siempre estuvieron presentes en los imaginarios de los pueblos del interior. Bastaba con tener un río o un lago cerca. De allí salían estos seres, capaces de sembrar el mal por la zona. "Cuentan que un ser mitad pescado y mitad mujer iba disfrazada de paisana para raptar niños. Cuando lograron expulsarla cayó una maldición sobre el lago. Por eso, no dejaban bañarse a los niños en el lago o el río en determinados días del año", explicó Álvarez Peña.

La única posibilidad para deshacerse del mal pasaba por el nacimiento de dos bueyes mellizos, que tenían que beber toda la leche de su madre y que debían sacar del fondo del pantano una campana -en algunos lugares tenían que tirar de dos- para ahuyentar a la sirena. Esa campana, precisamente, supondría también la salvación del pueblo.

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