28 de agosto de 2016
28.08.2016
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Vibrar con los Juegos no tiene precio

Pablo del Valle, profesor en el Codema, invirtió 4.000 euros para disfrutar un mes en Brasil del espíritu olímpico, tras haber estado en Atenas, Pekín y Londres

28.08.2016 | 03:20

850 euros por viajar en avión hasta Río de Janeiro, 500 euros por desplazarse durante un mes por Brasil, cerca de 1.000 euros para asistir a 26 competiciones deportivas, 300 euros en comidas, otros 550 euros para alojamientos, y otros gastos varios hasta sumar cerca de 4.000 euros. Pero disfrutar del ambiente de los Juegos Olímpicos no tiene precio para Pablo del Valle. Este gijonés de 42 años ha vivido como aficionado, por cuarta vez, una cita olímpica, tras Atenas 2004, Pekín 2008 y Londres 2012. "A nivel económico es un gran desembolso, pero es una mayor experiencia. Se disfruta con el deporte y se tiene la oportunidad de ver a los mejores deportistas del mundo", comenta.

Baloncesto, bádminton, balonmano, hockey sobre hierba, waterpolo o rugby fueron las competiciones de las que disfrutó en Río de Janeiro este profesor de educación física en el Codema. "Los Juegos Olímpicos son algo especial. Es un ambiente único y para los que nos apasiona el deporte es una gozada. Soy de los que se quedan delante del sofá para ver hasta una final de tiro con arco", resalta del Valle.

El viaje a Río de Janeiro no fue fácil. Tras vibrar con el ambiente de Atenas, Pekín y Londres estuvo a punto de quedarse sin ir a Brasil. La amenaza del virus zika hizo que los amigos con los que iba a compartir experiencia se borrasen del viaje. Pero fue entonces cuando le animó a ir Antonio Quintero, un cordobés con amigos en común que ya tenía un apartamento alquilado en Río. Entonces se fue 15 días a hacer turismo por su cuenta y conocer Brasil, con lugares especiales como Iguazú, y vivió la otra quincena junto a este cordobés para vibrar con todas las competiciones. "Me quedo con el ambiente de Río y su gente. Es una ciudad increíble. Es como estar en un parque natural. El ver la bahía, el parque de Tijuca, correr por Copacabana y pegarse un baño es algo especial", señala.

Pablo del Valle tuvo momentos muy guapos en Río. "Pude ver a María López con el hockey, que había sido mi alumna", resalta. También le impresionó el ambiente que rodeaba los partidos de rugby. "Como se desarrollaban varios en un mismo día en la grada había mucha variedad cultural. Y eso animaba mucho", cuenta. Y después tuvo la opción de emocionarse con Carolina Marín. "Vimos la final por apenas 60 euros, un precio asequible en comparación con otros deportes y Juegos Olímpicos", señala este gijonés que también pudo ver el balonmano femenino por apenas 15 euros y tuvo tiempo para "colarse" en los últimos instantes de la victoria del equipo femenino de baloncesto ante Turquía.

Pese a que hubo muchas dudas previas a la celebración de Los Juegos Olímpicos de Río, una de ellas por la seguridad, del Valle lo sitúa en su justo término. "Al final es deporte y no se tiene esa sensación. No hubo ningún problema", cuenta. Lo único que quizás percibió el gijonés fueron algunos fallos organizativos. "Lo de la piscina verde fue lo más llamativo", resalta. También destaca que "las pruebas de natación en aguas abiertas o el piragüismo al final lo llevaron a Copacabana, donde hay una gran calidad del agua, no como en Botafogo, donde me alojé, y otras zonas en las que no se bañaba nadie".

Sus primeros recuerdos de unos Juegos Olímpicos se remontan a cuando tenía apenas seis años, con el osito "Misha" de Moscú 1980. Cuatro años más tarde vibró por televisión, con solo diez años, con la medalla de plata del baloncesto en Los Ángeles 1984. Y en 1992 tomó protagonismo en los Juegos de Barcelona. Como en aquel entonces jugaba al bádminton (uno de los deportes que practicó junto al fútbol y el atletismo), llevó la antorcha durante algo más de dos kilómetros en Grado.

Río de Janeiro han sido los cuartos Juegos de un Pablo del Valle que ya prepara el viaje a Tokio para dentro de cuatro años, aunque es consciente que existirán muchas dificultades para viajar y que los precios se dispararán. "Al final es una planificación de cuatro años. Es un dinero, sí, pero si te lo puedes permitir merece la pena la experiencia. Lo recomiendo a cualquiera, igual que recomiendo que si se puede ir con un grupo de amigos mucho mejor, porque la experiencia se multiplica", señala.

Viajes para el recuerdo

Su primera experiencia como público olímpico fue en Atenas en 2004, y lo compaginó con un interrail. "Fue una experiencia inolvidable por el ambiente de grupo y ver los Juegos por primera vez. Y no tuve problemas para encontrar entradas", rememora. Para Pekín, con todo lo aprendido de Atenas, supo moverse y encontrar algunos chollos. "El transporte fue caro, pero luego allí dormíamos por ocho euros y comíamos por tres. De Pekín me quedo con el gran ambiente olímpico que había en la ciudad y cómo los chinos se volcaron con los Juegos". Hace cuatro años, en Londres, le dio una vuelta más de tuerca a la planificación del viaje y el alojamiento le salió gratis, gracias a un intercambio de casas. "Una familia de Londres estuvo un mes en la mía y luego yo me fui allí a los Juegos. De Londres me quedo con la gran final de baloncesto entre España y Estados Unidos", concluye este gijonés que con cada recuerdo multiplica su disfrute.

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