27 de noviembre de 2016

Adolfito, violinista y cantor

El gallego Adolfo Carballo García, habitual de las romerías gijonesas a su paso por Asturias en su deambular de Galicia a Cantabria, se convirtió en toda una leyenda y ejemplo histórico de músico callejero

27.11.2016 | 04:47
Adolfo Carballo García, "Adolfito", en las fotografías que le tomó Baltasar Cue.

En el periódico "La Voz de Villaviciosa" del 24 de noviembre de 1897 leemos que en la villa llamaba la atención la presencia de un forastero, y que los chiquillos se habían colocado a su alrededor "creyéndolo un Adolfito pero viendo que no llevaba violín juzgaron que era un sacamuelas, charlatán o vendedor de específicos". Nos detenemos en el hecho de llamar "Adolfito" a cualquier violinista.

Y es que Adolfo Carballo García, "Adolfito", se convirtió en una leyenda, en un sinónimo de músico callejero. Fue muy popular y se ganó la vida tocando en las calles de Gijón, Villaviciosa, Llanes y por toda la costa asturiana, gallega, y de Cantabria también. Él era gallego, nacido en Santiago de Compostela en el año 1841 y murió, en el asilo de ancianos de su ciudad natal en 1904. Vivió por tanto sesenta y tres años aunque las fotografías que de él se conservan, como las que el fotógrafo llanisco Baltasar Cue le hizo en su estudio, lo representan como más anciano.

Habitual en muchas romerías gijonesas y en el mismo centro de la ciudad con su inseparable violín, tocaba, cantaba y aceptaba la merecida ayuda económica. Otra curiosidad relativa a su popularidad es esta. En "El Noroeste" del 7 de marzo de 1897, sección "Para curiosos y desocupados", que hoy llamaríamos Pasatiempos, vemos un acertijo: "Hace más de veinte años que periódicamente nos visita, con su famoso violín, el simpático trovador callejero conocido como Adolfito. Averiguar cuál es su apellido".

Por tanto un clásico este Adolfo Carballo García, Adolfito para todos, que por Gijón deambuló, sobre todo durante las primaveras y los veranos, desde la séptima década del siglo XIX hasta poco antes de su muerte en 1904. Nuestro mítico músico además mereció sendos artículos en la prensa local nada menos que de dos legendarios periodistas locales: Ataúlfo Friera "Tarfe" y Alfredo García García "Adeflor".

Tiene su historia este Adolfito. Era hijo de un médico y comenzó a estudiar Farmacia en Santiago de Compostela. Quedó huérfano de padre y madre y las malas artes de su tutor le privaron de la herencia. Entonces se incorporó al ejército como músico del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos en la guerra de Marruecos y ya licenciado de la milicia se enteró de la muerte de su novia. Entonces empezó a recorrer cada año, antes lo dijimos, Galicia, Asturias y Cantabria cantando y tocando el violín. Cuenta la leyenda que en Santander, ante un hotel, tocó una mazurca y el mismo Pablo Sarasate allí alojado salió y lanzó una moneda a su sombrero, cinco pesetas se dice. La revista "Historia y Vida", número 315, 1994, cuenta varias cosas de Adolfito en un artículo que firma Alejandro Ciarra Irurita: "Don Adolfito de Compostela, violinista y cantor popular".

Adolfito no era ciego pero la figura del ciego coplero, de cualquier ciego coplero, siempre fue la de un intérprete que tenía las características oportunas para provocar devoción entre su auditorio. No se sabe cómo pero, en Gijón y en todos los pueblos de España, los ciegos tenían desarrollado el sentido de la orientación y se colocaban justo en el lugar "más comercial", aquel donde era imposible quedar indiferente ante su reclamo.

Un ciego cantante muy conocido en el Gijón de hace más de un siglo, fue El Ciegu de La Quinciana conocido también como El Quincianu, de nombre verdadero Félix Corés. Vecino del prau de Don Gaspar, en Cimavilla, aunque su fama corrió por todo el concejo de Gijón al asistir, con su violín, a las romerías de Granda, de Ceares y de Jove además de ser contratado en bodas y bailes. Ciego y todo fue Félix Corés maestro para jóvenes aficionados e influyó sin duda en la formación de una agrupación musical popularísima en Cimavilla. Se trata de La Nocturna, en la que todos sus componentes lucían una particular gorra de color rojo y que animaban, sobre todo, las fiestas de carnaval en aquellos años entre los siglos antepasado y pasado.

Otros músicos ciegos que circularon por Gijón. Uno al que llamaban El Ciegu del Mercau; otro que era natural de Roces, de nombre Eduardo Cachai a quien acompañaba siempre como acordeonista el también ciego José Ramón Eduardo, y Cayetano que había quedado ciego tras la guerra de Cuba y que interpretaba unas, novedosas entonces, guajiras. Al igual que Adolfito no eran ciegos pero sí muy famosos en el Gijón de entresiglos un gijonés al que llamaban Piniella, pintor de brocha gorda de profesión y cantor callejero en sus "horas libres", y una mujer ya de cierta edad natural de Utrera que en Gijón pasaba temporadas calle aquí calle allá. Era doña Amalia que tocaba la guitarra y cantaba acompañada siempre de una criada, "más decrépita que el ama, que le llevaba la silla y recogía las monedas", y de un perro.

Pero volvemos al vidente Adolfito, a quien a veces vemos llamado en la prensa "el loco del violín, delgado como don Quijote y a quien un desdichado amor (tres regresar de la guerra vio salir por el portal de la casa de su amor el ataúd de su novia ya difunta) lo apartó de su ilustre familia y su ciudad, y empezó a cantar y tocar el violín por las calles, habaneras por ejemplo".

Ataúlfo Friera "Tarfe" habla de Adolfito en marzo de 1892 ante la clásica visita primaveral del músico a la ciudad, a las calles de Gijón. Exagera un poco al decir que desde medio siglo antes visitaba la ciudad y nos transcribe alguna de las coplas más conocidas del gallego.

"Adolfito", escribió Tarfe, "es un judío errante de la música callejera, el poeta populachero y vagamundo, el vate incansable que "desperdicia" los días de su existencia entre las provincias de Galicia, Santander y Asturias yendo rodando de pueblo en pueblo como las arenas de playa en playa y las hojas de surco en surco, y las ondas de fuente en fuente, de arroyo en arroyo y de río en río".

Comentaba el periodista Tarfe que en su madurez (entonces Adolfito tenía 51 años) tocaba el violín y cantaba sus coplas por Gijón "como en su juventud florida".

Algunas coplas de Adolfito

Un ochavito de amor

pido yo de puerta en puerta,

y en todas ellas me dan

la callada por respuesta.

¡Ay! Hermosa niña

no te olvides, no,

de aquel que te canta

canciones de amor.

Niña bonita,

ponte el corsé

y si te aprieta

lo quitaré,

lo quitaré.

Tus ojos, sí.

qué dulces son,

hieren y matan,

serrana mía,

mi corazón.

Al pim, al pam, al pum,

un zapatero fue a misa.

Al pim, al pam, al pum,

y no sabía rezar.

Sin reparos ni fervores

recorría los altares,

preguntando sin cesar:

¿Hay zapatos que arreglar?

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