Viaje a Viena entre partituras

La Orquesta Filarmónica de Asturias llena el teatro Jovellanos en un concierto de Año Nuevo con gran ambiente de fiesta y ocho bailarinas como anfitrionas

02.01.2017 | 02:57

Gran ambiente de fiesta en el teatro Jovellanos para asistir al Concierto de Año Nuevo, en esta ocasión titulado "Un día en Viena: viaje musical hasta el corazón de Europa". Actuaba la Orquesta Filarmónica de Asturias, bajo la dirección de Antonio Ribera Soler. Bullía el vestíbulo del Jovellanos adornado con la presencia de ocho bailarinas de la Escuela de Danza Karel, ataviadas con el clásico tutú blanco. A las ocho en punto de la tarde no cabía un alma más en el teatro; lleno total, ilustrado con la presencia de la alcaldesa Carmen Moriyón, situada en la fila diez.

Las ocho preciosas bailarinas desfilaron por el pasillo del patio de butacas para ocupar su localidad en los proscenios, al tiempo que la gran orquesta tomaba posiciones. Muchos jóvenes en sus filas, mayoría de chicas; hasta el concertino era mujer. La audición se inició con la "Danza húngara nº 6 en Re Mayor", de Brahms. Una pieza alegre, con tintes folclóricos que caldeó el ambiente de entusiasmo. Siguió "La Danza de los Comediantes", de Smetana, obra difícil por su ritmo trepidante, muy bien resuelto. "La Danza eslava" nos ofreció un inicio espectacular a cargo de violas y violonchelos, seguidos de los vientos antes de incorporarse toda la orquesta. La "Rapsodia húngara nº 2" de Liszt, es una partitura amada por el público, que la disfrutó. Maurice Ravel firmaba la partitura "Mi madre la oca", una delicia de elegancia. La primera parte se remató con el vals, "España", salpicado de tintes flamenco.

Tras el descanso, la segunda parte de la audición estuvo dedicada al vals y a la familia Strauss. Nos sorprendió el magnífico solo de violonchelo que precede a la obra "Mañana, tarde y noche en Viena", ejecutado por el chico de la pajarita roja. ¡Qué bien lo tocó!, con sentimiento y precisión. En el siguiente, "El barón gitano", destacaron a sus vez los oboes, por su virtuosismo. Tras el clásico "Danubio Azu"l, que suele rematar este concierto de Año Nuevo, la esperada propina: la "Marcha Radetzky", coreada por los aplausos de todo el público. Momento espectacular, lleno de alegría. 2017 ha tenido un estreno feliz, así que agradecemos el esfuerzo de los músicos. ¡Feliz Año Nuevo!

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