04 de agosto de 2017
04.08.2017

Discurso de Javier Fernández en la inauguración de la Feria Internacional de Muestras de Asturias

El Presidente del Principado describe el "cambio radical" de Asturias

04.08.2017 | 21:50

La exhumación de los restos de Dalí es una de las noticias extravagantes que sobresalen en la crónica del verano. Una demanda de paternidad, una pitonisa, un cuerpo embalsamado hace décadas, la personalidad del artista€ Hay sobrados ingredientes para el morbo. Mientras removían la tumba del genio, pensé en una de sus obras: La persistencia de la memoria, tan famosa por sus relojes blandos. Y ese lienzo, a su vez, y ya verán cómo, me trajo a la Feria de Muestras.

Me hago cargo de que es un camino extraño, por los vericuetos de la imaginación. Intento explicar la asociación de ideas. ¿Qué persiste de la memoria de Asturias? Si hablamos de, pongamos, los últimos 40 años, ¿cuál es el sustrato de pensamiento sobre el que se ha desarrollado su evolución política, económica y social? Hablo de las ideas que han atravesado ese tiempo, que va desde las primeras elecciones democráticas hasta la actualidad. Me arriesgo a afirmar que al menos desde entonces resiste como telón de fondo una utopía regresiva según la cual esta comunidad no hace sino alejarse de una supuesta edad de oro. La mayoría de las utopías proyectan su ideal hacia el futuro, hacia un horizonte que está por llegar. Aunque es verdad que el porvenir está cada vez más lleno de antiutopías como la de Arthur C. Clarke y sus visionarias novelas de ordenadores insurgentes y descontrolados. Pero también las hay retrospectivas, que se edifican sobre la ensoñación de un pasado que no termina de pasar. Es bastante habitual en los nacionalistas tan intensamente dedicados a la introspección, tan perjudicados por la historia, tan atrincherados en un ayer del que solo se percibe o se inventa lo bueno. Pero puede que, al menos parcialmente, esa utopía retro se haya convertido en un arquetipo del subconsciente colectivo del Principado, dicho con perdón para Jung.

Pero dejemos el psicoanálisis para otros divanes y vamos con cuestiones más contrastables. Antes de que anduvieran a vueltas con los restos de Dali, ya me había llamado la atención que Pedro Luis Fernández, presidente de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE), afirmase en la asamblea de la patronal que existen muchos datos que prueban que ésta es la mejor Asturias que hemos conocido. Reconozco que me sorprendió la afirmación, no tanto por el contenido en sí como por lo insólito o al menos infrecuente: ¡un representante de la sociedad civil, y más concretamente de la mercantil, que no se refugia en el victimismo y que proclama que las cosas van mejor! Esta rareza estimulante me llevó a buscar y comprobar un buen número de estadísticas y a repasar también algunas publicaciones, como el trabajo que coordinó Manuel Castells sobre las Estrategias para la Reindustrialización de Asturias (ERA).

Cuando se culminó aquel estudio, en 1992, Asturias tenía un PIB de 9.085 millones de euros, frente a los 21.696 de 2016. La estructura sectorial era desequilibrada y básicamente distinta, las mujeres representaban un 15% menos de la población ocupada. Y las empresas dependientes del INI daban empleo a 33.000 personas. Hoy, comparen las realidades, la plantilla de Hunosa, último vestigio de la empresa pública industrial en Asturias, no llega a 1.500 trabajadores.

Aquel informe, muy trabajado, se redactó en plena convulsión cuando la reconversión simultánea de casi todos los sectores productivos amenazaba colapsar la economía y monopolizaba el debate público. Éramos, claramente, una región en crisis, sacudida económica, social y psicológicamente por sus embates. El 23 de octubre de 1991 hubo una huelga general en Asturias con un seguimiento masivo, dos meses más tarde se inició el encierro del pozo Barredo y al otoño siguiente tuvo lugar la marcha de hierro de la siderurgia, tres de las movilizaciones descollantes de las últimas décadas. Los penachos de humo de las barricadas de neumáticos incendiados formaban parte habitual del paisaje. Así, el encargo del estudio a Castells respondía a una inquietud lógica: ¿qué futuro le esperaba al Principado una vez que concluyese el doloroso proceso reconversor? ¿La única y forzosa alternativa iba a ser una trabada pareja de desolación y pesimismo?
El informe hacía hincapié en las dificultades propias de Asturias, las que nublaban su horizonte. Principalmente, destacaba las relacionadas con el déficit de infraestructuras de comunicación, unos costes laborales superiores a la media española y una imagen socialmente conflictiva. Ponía el acento en la recesión de los sectores tradicionales como la minería y la siderurgia y en la irreversible decadencia de la empresa pública como forma de organización industrial, además de la excesiva especialización y el desequilibrio productivo.

Hecha la descripción e identificadas las debilidades, los redactores también esbozaban algunas líneas de trabajo. Subrayaban la importancia de mejorar las infraestructuras de comunicaciones, propugnaban avances tecnológicos y sociales, el desarrollo del turismo y la eclosión de los servicios avanzados. Al tiempo, también prevenían del papel anestésico de los efectos psicológicos derivados del desánimo y la falta de confianza en las instituciones públicas por parte de una población desalentada por las divisiones internas, las oposiciones sistemáticas y las posturas hipercríticas que hacían inviable un acuerdo político básico con el que generar energías sociales para enfrentar la reactivación.

Un cuarto de siglo después, Asturias tiene poco, muy poco que ver con el paisaje económico y social que entonces se describía. Ni en las infraestructuras, ni en los sectores de actividad, ni en la productividad, ni en la participación de las mujeres€ La hegemonía del sector público que se invocaba de forma recurrente como una sombra tóxica que impedía el crecimiento de la inversión privada, ha desaparecido. La conflictividad social se ha reducido. La actividad del sector servicios representa el 70% del PIB, un porcentaje propio de una economía terciarizada. Este año, el turismo volverá a batir sus propios récords y consolidará una aportación superior al 10% del valor añadido bruto. Las comunicaciones han mejorado notablemente. La capacidad exportadora se ha multiplicado (entre 1994 y 2016, el valor de las exportaciones creció un 281,2%), la presencia internacional de nuestras empresas ha aumentado a la par, han eclosionado nuevas ramas de actividad€ La transformación ha sido radical.

Contra aquellos temores tan acendrados, después de la reconversión no sobrevino el caos, ni la desertización ni el abandono: el Principado supo superar la dramática situación que se le planteaba hace 25 años y lo ha seguido haciendo incluso durante la recesión financiera mundial más profunda que ha vivido el capitalismo desde 1929. Que resisten problemas derivados de ambas crisis, sectores agónicos y territorios degradados es cierto, pero hoy, cuatro de agosto de 2017, podemos afirmar que Asturias consolida su recuperación y acumula indicadores que animan al optimismo. Repito: estamos consolidando la recuperación y acumulando indicadores que justifican un optimismo razonable. Los agoreros deben estar pasándolo realmente mal. La suma de buenas noticias ha de estar aguándoles el verano; yo, en cambio, soy de los que se alegran cuando Asturias va mejor, sentimiento que seguramente compartirá la mayor parte de la ciudadanía y por supuesto todos ustedes. Sin citarlas todas, elijo algunas de esas noticias:

-De acuerdo con la última Encuesta de Población Activa, el Principado lidera la caída del paro, con un descenso del 34% respecto a 2016;

-si nos fijamos en el paro registrado, acumulamos 46 meses de descenso interanual y tenemos el menor número de desempleados desde julio de 2010;
-industrias como Arcelor, Ence y Bayer han anunciado nuevas y millonarias inversiones en sus plantas asturianas;

-el turismo, como antes dije, se encamina hacia su mejor resultado histórico y, (esto es relevante), empujado por un notable incremento de visitantes extranjeros;

-el índice de confianza de las empresas crece en Asturias por encima de la media y aumenta el número de sociedades con más de 50 trabajadores, cuando el minifundismo empresarial es uno de nuestros hándicaps estructurales;

-en el segundo trimestre, la comunidad autónoma encabezó el crecimiento económico con una tasa del 1,1%, según el cálculo de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF).

Acabo la enumeración, que no pretendo hacer exhaustiva. A quienes tienen conocimiento experto les invito a reflexionar sobre si existen indicadores o no para alentar el optimismo. Por si alguien se apresura a tacharme de propagandista, preciso que todos estos méritos no son patrimonio del Gobierno, ni del que presido ni de los anteriores. Son el resultado de la acción conjunta de la sociedad y del esfuerzo sostenido de todas las administraciones implicadas. Aunque cuando las cosas van mal todos los cargos se apuntan a la espalda del Gobierno de Asturias, lejos de mí el intento de apropiarme de las señales de buena evolución económica.

Ni pretendo ese objetivo ni ocultar las dificultades que existen: la mala calidad del empleo, el diferencial de nuestros índices de crecimiento respecto a la media nacional, la insuficiencia del esfuerzo investigador en relación al PIB, la necesidad de un marco tarifario más apropiado para las industrias electrointensivas y que resulta tan determinante para nuestro porvenir industrial€

Es más, quiero alertarles de un muy grave problema que no se planteaba siquiera cuando se redactó el informe ERA y que ahora se revela como el más disuasorio, el más preocupante, la mayor amenaza para el desarrollo de la comunidad: desde 1990, la población mayor de 60 años aumentó en 79.849 personas, mientras que la de menores de 30 años disminuyó en 195.061.

Ahora, al tiempo que avanza en su recuperación, Asturias debe encarar este problema demográfico estructural, y para hacerlo lo primero es tomar conciencia de su existencia y curarse de la intoxicación de las opiniones simplistas y simplificadoras tan habituales en quienes para todo problema tienen una solución fácil, clara y equivocada. Espero que la presentación de las propuestas del pacto demográfico, prevista para el otoño, sirva para abrir una negociación que concluya en un acuerdo amplio sobre cómo abordamos en el presente el problema más decisivo para nuestro futuro. La dificultad para enfrentar un asunto tan complejo es obvia, y no va a ayudar a ello la persistencia de dos actitudes que se enunciaban en el informe ERA: el discurso del declive y el antagonismo político paralizador. Si Asturias pudo superar la reconversión, si también ha superado la crisis, si los indicadores son positivos, ¿por qué sigue teniendo crédito el discurso de la pesadumbre y el derrumbe sin fin? ¿Qué complacencia hay en regodearse en el pesimismo y en refugiarse en la melancolía de esa utopía regresiva que citaba al principio de esta intervención?

Probablemente, el discurso declinante tenga lógica en una comunidad envejecida. Y no resulta extraño que haya quien se ha quedado preso de una realidad propia de las dos últimas décadas del siglo pasado, cuando, en efecto, había una Asturias que se transformaba a marchas forzadas en un clima de miedo al crack económico, el fracaso político y el polvorín social. El comprensible miedo a un porvenir, en el que las seguridades de antaño –opciones de empleo fijo y bien remunerado- se desmoronaban ante nuestros ojos.

Pero el relato ya no puede ser el mismo. Como razonó el presidente de la patronal, la Asturias de hoy, con sus graves dificultades, es probablemente la mejor que hemos conocido. Tenemos que desengancharnos del opio melancólico y plantear alternativas apropiadas para una comunidad en recuperación creciente con desafíos y exigencias propias del siglo XXI.

Aprovecho la presencia de la presidenta del Congreso, que fue ministra de Fomento, y de su sucesor, el actual titular, para poner ejemplos comprensibles. Mi gobierno no dirá nunca que Asturias está aislada ni incomunicada. Las infraestructuras, ya lo he reconocido, han mejorado notablemente. Ojalá podamos seguir haciéndolo de la mano, con el respeto, la cooperación y la lealtad que se deben las administraciones. Las últimas novedades sobre el plan de vías de Gijón, los accesos a El Musel y la autovía del mar van en esa dirección porque el ministerio, el Ayuntamiento y el Gobierno de Asturias, con la Consejería de Infraestructuras en primera línea, han optado por la cooperación.

Discrepamos sobre algunas cuestiones importantes, como la variante ferroviaria de Pajares. Ya conocen lo que plantea el Gobierno de Asturias sobre esa obra porque lo hemos trasladado de palabra y por escrito. Siquiera por cortesía, no voy a dedicarme a profundizar en ello. Además, seguramente, de todas las personas que hay aquí soy quien en mayor medida puede entender la necesidad de aprobar un presupuesto y que eso siempre lleva o puede llevar renuncias y sacrificios y hacer de necesidad virtud. Aunque yo creo que de todas las propuestas, la más virtuosa, ministro, fue la primera que nos hiciste cuando llegaste en diciembre pasado a Asturias.
Para asentar ese nuevo discurso político que exige la Asturias del siglo XXI también deberíamos ser capaces de superar el estéril antagonismo del que alertaba Castells, que pervive invencible entre nosotros. No culpo a nadie, solo advierto a los suspicaces de que mis opiniones no pretenden ser una teoría, sino un puñado de reflexiones entre las que incluyo el reconocimiento de la ventaja estructural que tiene la política de la negatividad, porque las coaliciones negativas no necesitan ser coherentes ni presentar alternativas.
Pero les remito a todos ustedes a Manuel Arias Maldonado cuando define la "vetocracia" como aquel régimen político caracterizado antes por la vigilancia y la obstrucción que por la racional acción de gobierno, que se da donde los vetos cruzados entre distintos sectores que carecen de mayoría suficiente desembocan en situaciones de bloqueo funcional. Créanme que esa pulsión vetocrática existe en Asturias y que corremos el riesgo de que llegue a formar parte de nuestra normalidad política.

Deberíamos reflexionar sobre ello, porque los problemas que afrontamos no se merecen una política así. A mí no me incomoda la pluralidad parlamentaria ni la exigencia continua de diálogo y negociación; lo que me preocupa es que esa diversidad se arruine en una fragmentación yerma. Pero tampoco en este asunto vamos a claudicar. Les aseguro que puedo llegar a invocar el mantra del diálogo como si fuera un monje budista.

Lo haré aun en el supuesto de no recibir siquiera respuesta a las invitaciones formales para iniciarlo: tengo la disposición psicológica de quien entiende la política como una prueba de esfuerzo que demanda paciencia infinita, buen humor y mucha amnesia. Lo que no haré nunca es trasladar a la gente la tentación de soluciones fáciles, brillantes y gratuitas. Tampoco extenderé cheques políticos que no pueda pagar.

Advertirán que he llegado hasta aquí sin citar la Feria de Muestras. En realidad, sí lo he hecho: este gran escaparate comercial y empresarial es un reflejo de la transformación de Asturias de las que les he hablado. Piensen en cómo han cambiado los stands, qué sectores han ido a más y cuáles a menos, y reparen también en que, por muy elevado que estuviese el listón, y siempre lo ha estado, poco a poco han ido superando sus propias marcas.

Les felicito. Agradezco que me hayan vuelto a invitar a la inauguración y les felicito porque, también aquí, parece que estamos ante la mejor edición de la Feria de Muestras que hemos conocido. Al igual que Asturias, ustedes han sabido ir a más y mejor, como se puede comprobar en esa gran exposición conmemorativa de su historia que se exhibe en el Palacio de Revillagigedo, repleta de imágenes entrañables. De hecho, y por volver a citar el cuadro de Dalí, si algo persiste en la memoria de los asturianos es este certamen. Creo que lo he dicho todos los años, pero no deja de merecer el subrayado: son una parte obligada del calendario del verano de Gijón y de Asturias, un acontecimiento incrustado en nuestra memoria, el mejor escaparate de la evolución, las oportunidades y la esperanza ilusionante que ofrece la Asturias del siglo XXI. Muchas gracias por su trabajo.

Declaro oficialmente inaugurada la sexagésima primera edición de la Feria Internacional de Muestras de Asturias. Se levanta la sesión.

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