Quito
Más de nueve millones de ecuatorianos estaban ayer convocados a acudir a las urnas para votar en una consulta popular sobre la instauración de una Asamblea Constituyente con plenos poderes para redactar una nueva Carta Magna que permita al país decir definitivamente adiós a la etapa liberal que ha sumido a buena parte de la población en la miseria.
La convocatoria del Gobierno que preside el izquierdista Rafael Correa es rechazada por un sector de la oposición, que teme que sea una vía para la instauración de un régimen dictatorial.
A las 07.00 hora local (las dos de la tarde en España) abrieron los colegios electorales para recibir, durante 10 horas, a los electores, que debían decidir entre el sí y el no a la pregunta: «¿Aprueba usted que se convoque e instale una Asamblea Constituyente con plenos poderes, de conformidad con el estatuto electoral que se adjunta, para que transforme el marco institucional del Estado y elabore una nueva Constitución?». El cierre de los colegios estaba previsto para la pasada medianoche, momento en el que se debían difundir los primeros sondeos a pie de urna.
Pese a que el voto es obligatorio, varios analistas consideraron ayer que el nivel de absentismo podría llegar hasta un 30 por ciento, pues estiman que el proceso no ha despertado el interés deseado porque no están en juego cargos políticos.
La campaña, salvo la emprendida en las dos últimas semanas por dos grupos definidos por el sí y el no, respectivamente, también fue opaca y se notó, casi exclusivamente, en los medios de comunicación.
Para que la Asamblea Constituyente sea aprobada, el sí en la consulta debe ganar con el 50 por ciento más uno de los votos válidos, es decir, que deberá vencer al no sumado a los blancos. La Constituyente funcionaría durante un plazo de seis meses y podría prorrogar sus funciones, si así lo decidiera, durante sesenta días más.
Si la Asamblea se constituye y llega con bien al final de sus sesiones, los ecuatorianos y el Gobierno tendrían su nueva Constitución en torno al primer semestre del próximo año.
La normalidad fue la tónica en las votaciones, al menos hasta primera hora de la tarde (hora local). Entre quienes acudieron a votar por la mañana estuvo el presidente Correa, que llegó al Colegio Central Técnico, del norte de Quito, donde le esperaba una multitud que le aclamó.
Correa dijo que el día era «una fiesta democrática» y «una victoria para la ciudadanía, para la democracia y para la patria», al tiempo que pidió que los conflictos y diferencias «se resuelvan democráticamente, a través de las urnas».
Por el contrario, Diego Ordóñez, líder de la opositora Unión Demócrata Cristiana (UDC), que encabezó la campaña por el no en la consulta, aseguró que la jornada era una «violación de la Constitución» por parte del Gobierno.