Washington
Los candidatos a la Casa Blanca, el demócrata Barack Obama y el republicano John McCain, endurecieron ayer aún más los ataques que se cruzan desde hace días, horas antes de la celebración de su segundo cara a cara (la pasada madrugada en España) y en un momento en el que el senador por Illinois sube cada vez más en las encuestas.
Obama y McCain se vieron por segunda vez las caras en Nashville (Tennessee), en un nuevo debate de 90 minutos, cuando el candidato demócrata supera por seis puntos al republicano en las encuestas nacionales, según el último sondeo de «The Wall Street Journal», y está adquiriendo, según la cadena CNN, una sólida ventaja en al menos cinco estados clave, es decir, donde los votantes aún no se han decantado claramente por uno u otro aspirante: Indiana, New Hampshire, Carolina del Norte, Ohio y Wisconsin.
En este clima, la campaña de McCain lanzó ayer a nivel nacional un anuncio televisivo de 30 segundos titulado «hipócrita», en el que acusa a Obama de recurrir a «falsedades» cuando se cuestiona su trayectoria. En respuesta, la de Obama sacó otro titulado «el tema», en alusión a la situación económica, en el que destaca que McCain está desconectado de la realidad, no tiene un plan para la economía y recurre a tácticas engañosas para desprestigiar a su rival.
La campaña ha entrado ya de lleno en la fase del ataque personal, que empezó el pasado fin de semana, cuando la «número dos» republicana, Sarah Palin, acusó a Obama de asociarse con William Ayers, ex militante y fundador del grupo radical «Weathermen», que en los años sesenta del pasado siglo se atribuyó atentados contra el Pentágono y el Capitolio.
Obama no mantiene vínculos con Ayers, ahora profesor universitario, aunque los hijos de ambos acuden al mismo colegio. Al contraataque, la campaña del senador por Illinois divulgó un documental de 13 minutos en el que destacó los vínculos de McCain con el banquero Charles Keating, que fue declarado culpable de fraude financiero a principios de los noventa y pasó cinco años en prisión.
Keating era el presidente de la firma Lincoln Savings, cuya quiebra hizo que más de 20.000 inversores, la mayoría de ellos de edad avanzada, perdiesen sus ahorros. Tras una investigación del Congreso, los legisladores determinaron que McCain no cometió irregularidades para beneficiar a Keating, en el escándalo financiero conocido como «Keating five», porque implicaba a cinco senadores.
Como anticipo de lo que le esperaba a Obama, Palin dijo en una entrevista con el diario «The New York Times» que es válido ampliar la discusión sobre los vínculos de Obama con Ayers y con su otrora mentor espiritual, el reverendo afroamericano Jeremiah Wright.
Sus comentarios parecen contradecir la postura de McCain, que en abril censuró un anuncio del Partido Republicano de Carolina del Norte que tachaba a Obama de «extremista» por su asociación con Wright. Entonces, McCain afirmó que ese tipo de ataques no tendría lugar en su campaña presidencial y Obama, por su parte, ha dejado claro que no permitirá el tipo de difamación que se usó en 2004 en contra del entonces candidato demócrata John Kerry, y que hundió sus aspiraciones presidenciales.
La previsión de los analistas era ayer que el debate, en el que los votantes formularon entre 15 y 20 preguntas de toda índole a los candidatos, se centrara en la crisis económica, con paradas en la guerra de Irak y la expansión del Gobierno. Y si la idea de partida de McCain era poner en entredicho la experiencia de Obama para el cargo, la de éste era pintar a su rival como un simple calco del actual presidente, George W. Bush, una estrategia que, al parecer, está surtiendo efecto en estados clave para el resultado de esta contienda electoral.