Londres, Joaquín RÁBAGO
Según la mitología griega, «limpiar las cuadras de Augías» fue uno de los doce trabajos que los dioses encargaron a Hércules y consistía en limpiar las cuadras del rey de Élide de ese nombre, que albergaban a 3.000 bueyes y que no habían sido adecentadas desde hacía treinta años.
El escándalo de las dietas ha puesto de manifiesto que los británicos tienen un Parlamento cuyo anacrónico ceremonial no parece indicado para una legislatura moderna y transparente. Se ha convertido en «una cuadra de Augías», como lo han calificado algunos comentaristas políticos, sin que aparezca por el momento en el horizonte el Hércules capaz de limpiarla.
Con la anunciada dimisión del «speaker» Michael Martin no acaba el escándalo de las dietas, pues cada día que pasa, y esto no parece que vaya a cesar, los británicos se desayunan con nuevas revelaciones de «The Daily Telegraph» sobre cómo los parlamentarios de todos los partidos han diseñado estratagemas o se han aprovechado simplemente del sistema para lograr que los contribuyentes sufraguen sus gastos particulares, desde los más vulgares hasta los más peregrinos.
Muchos diputados no parecían conocer límites en sus solicitudes de dietas: reclamación de dinero por hipotecas ya vencidas, cambios de asignación de segunda residencia para embolsarse beneficios, segundas residencias que no eran tales, compra con cargo al presupuesto público de todo tipo de objetos, desde alfombras o sillones de masaje hasta simples tampones.
Ninguno de los tres grandes partidos está limpio y, además, los abusadores son de todas las edades y confesiones, ya que los hay cristianos y musulmanes. Según parece, son los diputados que se consideraban en circunscripciones más seguras quienes más han abusado del sistema. Ni siquiera se salva la parlamentaria encargada de las relaciones con la Reina, una joven laborista de la que el «Telegraph» reveló ayer que vendió un piso, compró otro a poca distancia y duplicó el importe de la hipoteca, pagada por los ciudadanos.
Este fin de semana se supo que la siempre discreta Isabel II ha llegado a expresar en privado su preocupación por lo que está ocurriendo y el desprestigio que supone para un pilar básico del sistema democrático.
Aunque su partido no está ni mucho menos libre de pecado, el líder conservador, David Cameron, ha aprovechado el escándalo para reclamar que se adelanten las elecciones como medida higiénica. Sin embargo, el primer ministro, Gordon Brown, cuyo partido se ha hundido en las encuestas, querrá retrasarlas hasta el verano de 2010, a ver si hay un ligero asomo de recuperación económica que pueda venderles a los electores. Algo difícil, ya que según un sondeo publicado ayer por la web independiente «LabourList.org», el 62% de los militantes o votantes laboristas respalda una salida del actual líder del poder cuanto antes.