Oviedo / Teherán,
Luis MUÑIZ / Agencias
El reformista Mir Husein Musavi desafió ayer abiertamente al régimen iraní al pedir oficialmente que se anulen las presidenciales del viernes por fraude electoral y llamó a sus partidarios a continuar pacíficamente las protestas, que se repitieron por segundo día consecutivo y degeneraron en enfrentamientos con policías y milicianos islámicos, que han tomado Teherán.
La tensión crece en la capital, donde el ganador de los comicios, Mahmud Ahmadineyad, se dio un baño de masas pocas horas después de la detención de un centenar de seguidores de Musavi y mientras las autoridades imponen un férreo control informativo.
En una carta dirigida al poderoso Consejo de Guardianes de la Revolución -que debe validar los resultados del viernes- y divulgada a través de su página web, Musavi asegura que «uno de los candidatos», apoyado por el Ministerio del Interior, ha influido en el resultado final, en clara referencia a Ahmadineyad, que oficialmente ganó los comicios con el 62% de los votos. «Las elecciones no son limpias y deben ser anuladas», afirma en su carta Musavi, que podría encontrarse detenido.
Un centenar de personas, entre ellas destacados políticos, periodistas y escritores prorreformistas, ha sido arrestado en las últimas horas, acusado de promover las protestas. Uno de ellos es el hermano del ex presidente aperturista Jatami.
Sin embargo, el reelegido presidente iraní restó importancia a las protestas de la oposición y consideró los disturbios «algo natural, similar a cuando un equipo de fútbol pierde el partido y sus seguidores, por el fervor, se enfadan».
Además, aprovechó para anunciar que mantendrá el controvertido programa nuclear, que está abierto a debatir en público con el presidente de EE UU, Barack Obama, y que cualquier país que ataque al suyo «lo lamentará profundamente».
Más tarde, durante un multitudinario mitin convocado para celebrar su victoria, el mandatario insistió en que su triunfo es el triunfo del pueblo y recalcó que la población ha demostrado que rechaza a aquellos «que meten la mano en las arcas públicas», en alusión al ex presidente Ali Akbar Hashemi Rafsanyani, al que Ahmadineyad ha acusado de corrupción.
Un día antes de la votación, Rafsanyani remitió una carta a Jamenei advirtiéndole de que la reelección de Ahmadineyad sería perjudicial para Irán, y algunos analistas consideran que detrás del pulso que Musavi ha decidido echar al régimen de los ayatolás está Rafsanyani. Jamenei volvió a respaldar ayer a Ahmadineyad y dijo que la alta participación registrada en las elecciones del viernes fue un «milagro divino».
Mientras, el férreo control informativo impuesto por el Gobierno en Teherán, donde, desde el viernes, es imposible enviar mensajes de texto a través del móvil, siguió ayer con la detención de dos periodistas holandeses, otros dos belgas, la clausura de la corresponsalía de la cadena Al Arabiya y la interferencia de las emisiones de la BBC, todo ello entre amenazas de Ahmadineyad a la prensa.