Teherán / Oviedo
Un Parlamento semivacío, por la ausencia de los diputados reformistas, y un espectacular despliegue policial, para contener las protestas en las calles, acogieron ayer en Teherán la jura de Mahmud Ahmadineyad como presidente de Irán.
El acto de toma de posesión del segundo mandato de Ahmadineyad estuvo marcado por la espesa sombra del fraude en las elecciones del pasado 12 de junio, denunciado por la comunidad internacional y en las calles del país. En los alrededores del Parlamento miles de personas mostraron con su presencia el rechazo al fraude electoral.
Las potencias occidentales, por su parte, manifestaron su rechazo con la ausencia de representantes de alto nivel en el acto y evitando felicitar a Ahmadineyad. Ni Obama, ni Brown, ni Sarkozy, ni Merkel, ni Zapatero, por sólo citar algunos líderes, enviaron ningún mensaje al presidente iraní. La Casa Blanca, además, matizó unas declaraciones de su portavoz, Robert Gibbs, en las que, el martes, calificó a Ahmadineyad de presidente «electo por su pueblo». Gibbs precisó ayer que será el pueblo iraní quien decida quién ha de ser su presidente.
«Yo, como presidente de la República islámica de Irán, juro ante el sagrado Corán, la nación iraní y ante Dios que seré el guardián de la religión oficial, de la República islámica y de la Constitución», recitó el mandatario ante el presidente del Parlamento, Alí Lariyani. El presidente iraní dijo, además, que no tiene ningún otro deseo que servir al pueblo y a Irán, y añadió que su país está dispuesto a colaborar con otras naciones, aunque advirtió que «no soporta la falta de educación» de algunas.
«Algunos países dicen que reconocemos al nuevo Gobierno pero no le felicitamos, entonces nosotros les decimos que nuestro pueblo no espera vuestra felicitación», dijo Ahmadineyad ante un Parlamento donde destacaba la ausencia de muchos parlamentarios.
En el exterior, las fuerzas policiales y los guardianes de la revolución islámica, que impedían a la gente pararse en las aceras, ordenaron el cierre de todos los comercios y establecimientos de la zona para impedir que los ciudadanos pudieran detenerse en ellos. La Policía detuvo a decenas de personas tanto en las calles de Teherán como en las de otras ciudades iraníes.
Tras el anuncio del resultado de las elecciones del 12 de junio, los partidarios de los candidatos reformistas salieron a las calles para protestar contra el pucherazo. Las manifestaciones fueron reprimidas con contundencia por los milicianos Basij y los guardianes de la revolución con un resultado de 20 muertos y miles de detenidos.