Oviedo / Kabul,
Luis MUÑIZ / Efe
A medida que se acerca la fecha de las presidenciales afganas del próximo jueves, los talibanes recrudecen su ofensiva para impedir que las elecciones se celebren o para lograr, al menos, que su desarrollo se vea enturbiado. El viernes por la noche, los radicales islámicos atacaron la base española de Herat por segunda vez en una semana y ayer el cuartel general de la OTAN en Kabul, con el resultado de siete muertos y 90 heridos.
Los talibanes lanzaron siete cohetes sobre la Base de Apoyo Avanzado de Herat sin causar heridos ni daños materiales. Según el Estado Mayor de la Defensa, tras el ataque «se activaron de inmediato las medidas de seguridad pertinentes» en estos casos. El acuartelamiento de Herat ya sufrió un ataque similar el pasado domingo, pero en esa ocasión fueron seis los cohetes lanzados, aunque tampoco hubo daños personales ni materiales.
Más cruento, y dirigido contra el corazón de la presencia militar aliada en Afganistán, fue el ataque lanzado ayer por la mañana. Un suicida hizo detonar una vehículo cargado de explosivos frente al cuartel general de la ISAF en Kabul, diez horas después del ataque a las tropas españolas, que se encuentran en «alerta máxima».
A las 08.30 de la mañana (dos horas menos en la España peninsular), un estruendo ensordecedor dejó paso a una densa columna de humo procedente del barrio de Wazir Akbar Khan y visible desde varios puntos de la capital afgana.
Allí tienen su sede, entre otros edificios, la Embajada de EE UU y el cuartel general de la ISAF -la misión de la OTAN en el país-, hasta donde llegó el suicida pese a las fuertes medidas de seguridad.
El Ministerio afgano de Defensa confirmó que el atentado causó la muerte de siete personas y heridas a otras 91, la mayoría trabajadores afganos que esperaban a las puertas del cuartel general de la organización para entrar en el recinto.
En un comunicado, la ISAF reconoció que la explosión acabó con las vidas de varios civiles y que también resultaron heridos varios militares extranjeros, pero sin llegar a precisar el número de víctimas.
El atentado fue reivindicado por los talibanes, cuyo portavoz, Zabiullah Mujahid, aseguró por teléfono, desde un lugar no especificado, que el objetivo del suicida era atacar la Embajada norteamericana y el cuartel general de la ISAF.
«(El ataque) fue ejecutado con un todoterreno cargado con 500 kilos de explosivos», precisó Mujahid, quien dijo que el atentado había causado 25 muertos.
El aeropuerto de Kabul recibió ayer el impacto de dos proyectiles -según el Ejército estadounidense-, después de que otros ocho cohetes cayeran en la ciudad el pasado 4 de agosto, lanzados desde áreas rurales cercanas a la capital.
El jueves, el ex presidente afgano Burhanudín Rabani, partidario del candidato opositor Abdulá Abdulá, salió ileso de una emboscada cuando viajaba por el distrito norteño de Kunduz. El candidato a vicepresidente Mohamd Qasim Fahim, un ex «señor de la guerra» que concurre en la lista del actual presidente, Hamid Karzai, sufrió otro ataque similar a finales de julio y también salió ileso.