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Todo esto en un país donde las guerras -la saga se inició en 1979 con la invasión soviética y siguió con la guerra civil ganada por los talibanes en 1996- han destruido un 50% de aldeas y un 30% de carreteras, además de dejar en mínimos la electricidad y el agua.
Las cosas no pintan, pues, nada fáciles para el ganador. Más aún cuando ningún candidato agrada especialmente a Obama, y Washington ya ha impuesto tareas al futuro presidente antes de saber quién es: lucha contra la corrupción, reconciliación nacional y desarrollo institucional.
Karzai, de 51 años, descalificado como «alcalde de Kabul» por lo limitado de su poder, lleva en la Presidencia desde que en 2002 encabezó el Gobierno interino. Tras ser refrendado en las urnas en 2004, el balance de su gestión lo marcan corrupción, incapacidad para articular el Estado y apoyo de los «señores de la guerra». Fue duramente criticado por el Obama candidato, pero su liderazgo parece incontestable.
La única incógnita es si logrará el 50% que le permitiría evitar una segunda vuelta que ni él ni los responsables de las tropas extranjeras desean, porque alargaría un mes la inestabilidad actual. Para amarrar la victoria, Karzai, de la mayoría pastún, ha compuesto un cartel multiétnico. En Afganistán no se votan partidos, se votan etnias. Así que se ha flanqueado de «dos señores de la guerra», un tayiko y un hazara, acusados de numerosos crímenes, además de asegurarse el concurso del tayiko Ismail Jan, muy influyente en el área occidental.
Para rematar su edificio, el pasado fin de semana Karzai pactó con el uzbeko Rashid Dostum, facilitándole volver del exilio. Dostum es un miliciano poco dócil cuyas raíces se hunden en la era soviética. EE UU, que contó mucho con él en 2001, no quiere verlo en un Gobierno. Pero en los comicios de 2004 tuvo un 10% de votos que ahora sería clave.
Frente a Karzai, el único candidato con posibilidades es Abdullah, oftalmólogo de 49 años, mitad tayiko y mitad pastún. Ministro de Exteriores de la Alianza Norte (AN) -la coalición de señores que combatió al régimen talibán y llevó el peso de las operaciones en tierra en 2001-, fue lugarteniente de Ahmed Masud, el jefe de la AN, asesinado por Al Qaeda en vísperas del 11-S. Su mitin de cierre de campaña fue multitudinario y confirmó que la mayoría de los tayikos de Afganistán lo considera su hombre. Ninguno de los otros candidatos parece capaz de hacerle sombra como rival de Karzai.