Teherán
Un fiscal iraní pidió ayer el «máximo castigo» para el ex viceministro de Inteligencia e importante reformista Saeed Hajjarian por actuar en contra de la seguridad nacional -delito castigado con la pena capital-, en el marco del cuarto juicio por las protestas que siguieron a las elecciones presidenciales de junio.
Hajjarian, que quedó discapacitado tras un intento de asesinato en 2000, es uno de los líderes de la oposición que se sientan en el banquillo acusados de fomentar las multitudinarias manifestaciones.
Según la agencia oficial «Irna», que cita el acta de acusación, «Hajjarian está acusado de actuar contra la seguridad nacional y de propaganda contra la clase dirigente islámica por difundir sospechas de fraude electoral (...) y provocar protestas ilegales». Además, según la misma fuente, se reunió con una persona relacionada con el MI6, el espionaje británico.
En una declaración leída ante el tribunal por un colaborador, Hajjarian dijo que ha «cometido grandes errores durante las elecciones presentando análisis incorrectos» y pidió disculpas al país «por esos errores», informa la agencia «Fars».
De acuerdo con esta agencia semioficial, Hajjarian confesó durante la audiencia que mantuvo encuentros con un representante del Open Society Institute, perteneciente a la Fundación Soros, del filántropo George Soros, en un intento de llevar a cabo una «revolución de terciopelo» en Irán.
Hajjarian anunció que abandonará el principal partido reformista del país, Mosharekat (Participación), debido a su corrupción.
Entre tanto, un parlamentario anunció que un comité de la Cámara está investigando el «rumor» según el cual un cementerio de Teherán alberga una fosa común en la que están enterradas personas abatidas durante las protestas. Por último, la mayoría de los diputados iraníes no acudió a una fiesta organizada por el presidente, Mahmud Ahmadineyad, para mostrar su desacuerdo por la composición del Gobierno.