Adiós al «alma del Partido Demócrata»

Obama ensalza la figura del senador Ted Kennedy, fruto «de una era en la que los adversarios aún se veían como patriotas»

 
El tenor Plácido Domingo y el violonchelista Yo-Yo Ma, durante la misa.
El tenor Plácido Domingo y el violonchelista Yo-Yo Ma, durante la misa. reuters
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Boston / Oviedo


El presidente norteamericano, Barack Obama, pronunció ayer un sentido panegírico en el funeral por el senador Edward Kennedy, de quien dijo que era un «héroe tierno y amable» y «el alma del Partido Demócrata». Kennedy, el último del clan y que falleció el pasado día 25, a los 77 años, de un tumor cerebral, fue despedido por tres ex presidentes, todos los que están vivos, a excepción de George Bush padre.


«Como tantos otros en la ciudad donde trabajó casi medio siglo, lo conocí como un colega, un mentor y, sobre todo, como un amigo», dijo Obama en el oficio fúnebre en la basílica de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Boston.


Ante más de mil invitados, Obama alabó la obra y figura de Kennedy, al afirmar que el hilo conductor de su obra legislativa durante 47 años en el Senado fue la defensa de los marginados, los soldados y los inmigrantes, entre otros.


Al enumerar los altibajos en la biografía de Kennedy, Obama señaló que por las tragedias de su familia el ex senador pudo comprender el sufrimiento de los demás, desde un niño enfermo privado de atención médica hasta una mujer privada de sus derechos por su apariencia o procedencia.


Aunque algunos analistas han destacado que, con su muerte, Kennedy le ha pasado la antorcha a Obama, a la cabeza de una nueva generación de líderes demócratas, Obama enfatizó que Kennedy antepuso siempre la cooperación a las conveniencias políticas del momento.


Kennedy «fue producto de una era en la que el gozo y la nobleza de la política impidieron que las diferencias de partido y filosofía fuesen barreras a la cooperación y el respeto mutuo, un tiempo en que los adversarios aún se veían como patriotas», observó Obama.


«Fue así como Ted Kennedy se convirtió en el más grande de los legisladores en nuestros tiempos». Pero, además de hacer hincapié en la obra de Kennedy, el mandatario estadounidense también quiso recordarlo como el hombre que «dio de corazón», que pensó siempre en el detalle personal ya fuese como padre, amigo, colega, o el jefe «adorado por su personal».


En ese sentido, Obama dijo que tras los atentados del 11-S, «Teddy se encargó de llamar personalmente a cada una de las 177 familias de este Estado que perdieron a un ser querido» en ese ataque.


«El paso del tiempo nunca sana realmente la trágica memoria de semejante pérdida, pero seguimos adelante porque debemos hacerlo, porque así lo desearían nuestros seres queridos y porque todavía está esa luz que nos guía en el mundo por el amor que nos dieron», afirmó. «Seguimos adelante».


Obama, que recibió el espaldarazo clave de Ted Kennedy en la contienda de 2008, fue precedido en la misa de Resurrección por familiares del patriarca, entre ellos su hija, Kara; su hijastra, Caroline Raclin; varios sobrinos y sus hijos, Ted y Patrick, en ese orden.


El féretro de Kennedy, portado por miembros de las Fuerzas Armadas de EE UU, fue recibido con una solemne música y un suave aroma de incienso, en una celebración custodiada por agentes del servicio secreto, apostados en los corredores de la basílica. La misa, celebrada por seis sacerdotes, contó con la actuación del tenor madrileño Plácido Domingo y el violonchelista estadounidense Yo-Yo Ma.


Además de Obama, asistieron al funeral los ex presidentes Jimmy Carter, Bill Clinton (demócratas) y George W. Bush (republicano), y 79 senadores y ex senadores, además de decenas de miembros de la Cámara de Representantes.


El otro ex presidente vivo, George H. W. Bush, no asistió por razones de salud. Además, estuvieron presentes el vicepresidente, Joe Biden, y el ex vicepresidente Al Gore, así como el primer ministro irlandés, Brian Cowen, y el líder del Sinn Fein, Gerry Adams.


Una vez concluido el funeral, los restos mortales del senador fueron trasladados al cementerio nacional de Arlington, en las proximidades de Washington, para ser enterrados cerca de las tumbas de sus dos hermanos asesinados, John y Robert.

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