Bruselas
El Parlamento europeo (PE) se pronunciará finalmente el próximo miércoles sobre la reelección de José Manuel Durão Barroso al frente de la Comisión Europea (CE), a pesar de los intentos de la izquierda del Hemiciclo por retrasar de nuevo la votación.
Ayer, los grupos de centro-derecha hicieron valer su peso en la Conferencia de Presidentes del PE y mantuvieron el punto en el orden del día de la sesión plenaria que arrancará el lunes en Estrasburgo (Francia).
Los votos del Partido Popular Europeo (PPE), del grupo Liberal y de los Conservadores y Reformistas fueron suficientes para seguir adelante con el proceso de ratificación, pese a la negativa de socialistas, comunistas y verdes.
Estos últimos siguen resistiéndose a votar ya la reelección de Barroso y han anunciado que el lunes, al comienzo del Pleno, volverán a proponer un aplazamiento de la decisión. Si ese intento fracasa, Barroso debatirá el martes su programa con los eurodiputados, que votarán el miércoles.
«Sólo puedo dar la bienvenida a la decisión», dijo en una rueda de prensa, en la que opinó que en el actual momento de crisis es «importante tener claridad en el liderazgo» de la UE.
El portugués necesita el apoyo por mayoría simple de la Eurocámara, algo que incluso opositores como el líder socialista, Martin Schulz, dan por hecho que logrará.
En principio, Barroso cuenta con los votos del PPE y de los Conservadores y Reformistas y, al menos, con parte de los socialistas y liberales. Estos dos últimos grupos -segunda y tercera fuerzas del Hemiciclo, respectivamente- no decidirán su línea oficial hasta el próximo martes.
Ambos grupos han mantenido complejas discusiones internas al respecto, como reconoció ayer el propio Schulz. «Hay un gran debate sobre el sí o el no», dijo el alemán, quien admitió que está teniendo dificultades para lograr una postura común con vistas a la votación del próximo miércoles.
Para Schulz, el apoyo que los jefes de Estado y de Gobierno socialistas dieron a Barroso fue un «error» que ha complicado la situación del grupo en el Parlamento europeo, donde delegaciones como la española abogan por seguir la postura de los ejecutivos y otras, como la italiana y la francesa, se oponen frontalmente al presidente de la CE.