Oviedo,
María José IGLESIAS
España se ha colado sin querer en la campaña de las elecciones generales portuguesas del próximo 27, a velocidad de AVE desbocado. El primer debate televisivo entre los candidatos de los partidos mayoritarios -José Sócrates Carvalho (Socialista) y Manuela Ferreira Leite (Social Demócrata), el sábado, puso al tren de Alta Velocidad Madrid-Lisboa y Vigo-Oporto en el disparadero.
El primer ministro Sócrates miraba con asombro a su oponente conservadora, Manuela Ferreira Leite, cuando la abogada aseguró que si gana las elecciones suspenderá la construcción de la línea de Alta Velocidad Madrid-Lisboa y Vigo-Oporto. El asombro pasó a perplejidad cuando Ferreira, del partido del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, desglosó argumentos: «Portugal no es una provincia de España, no me gustan los españoles metidos en la política portuguesa». La conexión ferroviaria debe estar terminada en 2013, según varios acuerdos suscritos entre ambos gobiernos, y tendrá un coste para Portugal de 9.000 millones de euros.
Los medios portugueses han encontrado un filón. Los digitales rezuman comentarios sobre la conveniencia o no del AVE y sobre la relación con los vecinos peninsulares. Algunos incluso se preguntan si doña Manuela compra en Zara o Mango. El debate se ha transformado en un «España sí o España no». El líder del Partido Nacional Renovador (PNR), José Pinto Coelho, echó ayer un capote a Ferreira: «No queremos injerencia española». Pinto aseguró que España históricamente siempre representó un peligro para Portugal. «Es necesario que el país se prevenga de la tentación de invasión». El mar o el Reino Unido son «fronteras» más fiables.
La candidata Ferreira, con fama de dura, no pensó igual en 2003, cuando, con Barroso como primer ministro, dirigía la cartera de Finanzas y defendió 4 líneas de AVE. Ayer en un mitin le preguntaron si diría lo mismo con Aznar en la Moncloa. Respondió con evasivas, que sólo defiende los intereses de Portugal. Los sondeos publicados en la prensa lusa dan una apretada victoria a los socialistas. El presidente Aníbal Cavaco Silva podría propiciar una alianza si ninguno logra una clara victoria.
Ferreira, miembro de una aristocrática dinastía de juristas, justifica el interés de España por que el tren llegue a Portugal en que así Madrid recibirá más fondos de Bruselas. Sócrates la ha llamado «aislacionista» y «retrógrada». El ingeniero, buen amigo de Zapatero, a su vez valedor de Barroso para repetir como presidente de la Comisión Europea, ha criticado que la candidata de la oposición esté dispuesta a faltar a su palabra con España y a echarse atrás en un proyecto que respaldó. El domingo Ferreira empeoró aún más las cosas al señalar que si gana negociará con España. Las palabras dispararon las reacciones. El país está dividido entre quienes apoyan la visión «neonacionalista» de la dama de hierro portuguesa y los que opinan que evidencia un viejo complejo de inferioridad. La presidenta del equivalente al PP portugués insistió en que no teme defender la «independencia económica» de Portugal ni se va a dejar «intimidar» pese a que «hay extranjeros que la amedrentan». Sócrates, que ayer acudió a un popular programa de la televisión lusa, trata de apaciguar los ánimos. En un mitin en el suroeste del país indicó «que estamos en Europa, integrados económicamente y el mercado único es un bien para los países europeos». Agregó que la independencia económica de la que habla Ferreira genera «aislamiento y pobreza».
A este lado de la frontera, el ministro de Fomento, José Blanco, aseguró que España avanzará con las líneas de ferrocarril hasta Vigo y Badajoz, se hagan o no en Portugal. El presidente del Gobierno de Extremadura, Guillermo Fernández, advirtió de que una eventual suspensión del proyecto abriría una grave crisis entre los dos países. El PSOE extremeñó pidió sensatez a los conservadores portugueses. En caso de que la locomotora llegue a la estación lisboeta de Oriente, que por cierto remodelará Calatrava, el escollo será decidir si la parada central se ubica en Badajoz o en Lisboa. Sócrates ya ha dicho que prefiere Lisboa. Al AVE le queda mucho raíl que trotar.
«La independencia económica de la que habla sólo significa aislamiento»
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Candidato socialista
«No me gustan los españoles que se meten en la política portuguesa»
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Candidata conservadora