Nueva York / Tegucigalpa
El Consejo de Seguridad de la ONU condenó ayer los «actos de intimidación» llevados a cabo por las autoridades golpistas en Honduras contra la embajada de Brasil en Tegucigalpa, donde se refugia el depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya.
El canciller de Brasil, Celso Amorim, denunció la crítica situación humanitaria de su embajada en Tegucigalpa, a la que se le han cortado los suministros de agua, luz, alimentos y comunicaciones, además de estar rodeada por las fuerzas de seguridad de las autoridades de facto hondureñas.
Al cierre de esta edición, Zelaya había denunciado el lanzamiento de «gases tóxicos» a la sede diplomática. «Se me irritaron los ojos», aseguró el depuesto gobernante, y añadió que también sufrió problemas en la garganta.
El Gobierno golpista de Roberto Micheletti negó que la Policía hondureña haya lanzado «un líquido que provoque malestar» contra los refugiados en la legación y añadió que «lo único que hay en este momento en esa zona es un operativo de limpieza».
Horas antes, Zelaya había llamado «a mantener la resistencia» al considerar que Micheletti carece de «voluntad» para restituirle en la Presidencia, después de declarar: «El diálogo ha comenzado».
Zelaya se reunió ayer con los candidatos presidenciales, que le instaron a hablar con Micheletti, e incluso recibió a un enviado de éste con propuestas «inaceptables».