Oviedo, Luis MUÑIZ
Los golpistas hondureños están dispuestos a derogar el estado de sitio y la suspensión de garantías constitucionales «por el interés del país» y para no poner «obstáculos al proceso electoral». Los militares, además, recomiendan diálogo para superar la crisis política.
El presidente, Roberto Micheletti, supo ayer que había ido demasiado lejos, y las peticiones del Congreso y del Estado Mayor del Ejército le recordaron que unas elecciones -las previstas para el 29 de noviembre-, que no reconocerá ningún país importante de la comunidad internacional, serán completamente inútiles si, además, se celebran bajo el estado de excepción.
Consciente de ello, Micheletti prometió que consultaría con la justicia y los candidatos presidenciales para darle una «solución a esto».
La del domingo fue una jornada aciaga para el país: los golpistas prohibieron la entrada a una misión de la OEA y a dos funcionarios de la Embajada española, y cerraron dos medios afines al depuesto presidente, Manuel Zelaya, quien ayer pidió ayuda a la ONU por teléfono móvil desde su refugio en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa.
Con tono jocoso, Micheletti mandó un «fuerte abrazo» al presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y le pidió que no se preocupara, porque ni la Policía ni el Ejército entrarán en la legación diplomática. No obstante, un grupo de diputados brasileños se apresta a viajar a Honduras para pulsar la situación.
Mientras tanto, la Permanente de la OEA no logró el lunes un acuerdo de declaración sobre la situación en Honduras por un artículo sobre la legitimidad del Gobierno que surja de las elecciones de noviembre, si se llevan a cabo sin que Zelaya haya sido restituido, informa «Efe».
Más concreto fue el Gobierno de Estados Unidos, para el que ya es hora de que Micheletti deje de «cavar» y ayude a resolver la crisis política del país. «Creo que es hora de que el régimen de facto suelte la pala», dijo el portavoz de la Casa Blanca, Philip Crowley.