Dublín
Los irlandeses vuelven hoy a las urnas para pronunciarse por segunda vez sobre el Tratado de Lisboa después de haberlo rechazado en junio de 2008 y abierto con esa decisión una seria crisis en la nueva arquitectura institucional europea.
El Tratado de Lisboa fue el compromiso alcanzado a duras penas por los 27 tras el fracaso de la malograda Constitución a la que franceses y holandeses dijeron que no en 2005, por lo que la Unión se enfrenta ahora a un serio reto.
Si los irlandeses repiten el «no», el Tratado no podría entrar en vigor y se paralizaría todo el proceso de integración. Un triunfo del «sí», en cambio, aliviaría a Europa y ejercería presión sobre Polonia y la República checa para ratificar el texto.
Sin embargo, ahora el apoyo al «sí» oscila entre el 48 y el 68 por ciento, mientras que el no va del 17 al 33 por ciento.
En los 18 meses transcurridos desde la primera consulta, Dublín ha arrancado a sus socios el compromiso de que nada en el Tratado modificará las prerrogativas irlandesas sobre el aborto, su neutralidad militar ni su política fiscal, aspectos que entonces allanaron el camino a los contrarios a Lisboa. Además, Irlanda conservará su silla en la nueva Comisión Europea.