Dublín /Bruselas
Irlanda ratificó en referéndum el Tratado de Lisboa, trascendental para el futuro de Europa, con un rotundo 67,1 por ciento de síes frente al 32,9 por ciento de noes y con una participación del 58 por ciento, cinco puntos más que en la consulta de 2008, cuando el texto comunitario fue rechazado por el 53,4 por ciento de los votantes.
En este segundo referéndum la crisis económica ha actuado como acicate para que los irlandeses respaldaran de forma rotunda un documento vital. Con el Tratado paralizado por el rechazo de hace un año, la isla, receptora neta de fondos europeos, se había ganado la vitola de miembro díscolo. Siete años antes, los irlandeses ya se opusieron al Tratado de Niza, aunque lo acabaron aprobando un año después con casi un 63 por ciento de sufragios a favor.
Ahora, los resultados finales del plebiscito del viernes reflejan un espectacular giro en el comportamiento del electorado, con un incremento del 20 por ciento en el bando del «sí» respecto a 2008, hasta llegar al 67,1 por ciento de apoyo, y una participación cercana al 60 por ciento.
La «vuelta de Irlanda al corazón de Europa», en palabras de un feliz y aliviado primer ministro, Brian Cowen, tiene mucho que ver con la profunda crisis que afecta ahora al país, con índices de paro desconocidos desde los años ochenta, un sistema bancario desprestigiado y un sector inmobiliario -uno de los motores de su economía- estancado.
De hecho, el mensaje durante la campaña del Gobierno y de todos los partidos políticos -excepto el Sinn Fein-, así como de la patronal, los sindicatos, las grandes multinacionales y hasta la poderosa Iglesia católica, resaltaba la necesidad de mirar hacia Europa para capear el temporal. La «campaña del miedo» la llamaron los opositores al tratado, una variopinta coalición compuesta por grupos izquierdistas, neoliberales, pacifistas y ultracatólicos convencidos de que las garantías dadas por Bruselas son papel mojado.
El sí de Irlanda allana el camino de Tony Blair para convertirse en el primer presidente de la UE. El ministro sueco de Exteriores, Carl Biltd, podría suceder a Solana al frente de la diplomacia europea. Las instituciones europeas recibieron con satisfacción el sí irlandés porque repercutirá en una Unión «más fuerte y eficaz».
El presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, y el primer ministro sueco y presidente de turno, Fredrik Reinfeldt, se apresuraron a defender que el texto cuenta ya con la «aprobación democrática» de los 27, a pesar de que Praga no lo haya ratificado, y han anunciado una reunión para el miércoles con el primer ministro checo, para tratar de acelerar el proceso.
«El mensaje es simple y claro: Gracias, Irlanda». Así de rotundo se mostró Barroso, quien no pudo evitar mostrarse «muy feliz» por un resultado que evita una nueva crisis. «Es un gran día para Irlanda y para Europa», aseguró. En el mismo sentido se pronunciaron los principales socios europeos: Merkel, Sarkozy, Brown, Berlusconi y Zapatero, que coincidieron en felicitar a Dublín. También los principales partidos de la Eurocámara celebraron este desenlace que despeja el camino para la Presidencia española.
Ahora las instituciones europeas dirigen su presión sobre el euroescéptico presidente checo, Vaclav Klaus, para que permita la entrada en vigor del texto. Klaus lamentó que la consulta irlandesa sea «la última oportunidad de disentir».