Varsovia / Oviedo
El presidente de Polonia, Lech Kaczynski, firmó ayer en Varsovia el Tratado de Lisboa, con lo que se salva el penúltimo obstáculo para su entrada en vigor, pendiente ahora de la rúbrica del jefe de Estado checo, Vaclav Klaus, conocido por su euroescepticismo.
Kaczynski suscribió el documento en un acto al que asistieron los presidentes de la Comisión y de la Eurocámara, José Manuel Durao Barroso y Jerzy Buzek, y el presidente de turno de la UE y primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt.
Con esta rúbrica, Kaczynski pone fin a más de un año de oposición al documento y sube finalmente a Polonia al tren de la Construcción europea, del que ya sólo queda al margen la República Checa como único país que no ha completado el proceso de ratificación.
El Tratado «mejora» el funcionamiento de las instituciones comunitarias, señaló Lech Kaczynski, que cumplió así su anuncio de ratificar el texto sólo después de que Irlanda lo aceptase en referéndum, algo que sucedía la pasada semana, pero en segunda convocatoria.
Tras la decisión de Irlanda «ya no había obstáculo para ratificarlo», añadió el jefe del Estado polaco, quien subrayó que, a pesar de todo, «Polonia es y seguirá siendo un país soberano».
«Durante la negociación del Tratado de Lisboa, Polonia ha logrado grandes éxitos», destacó Kaczynski, recordando los esfuerzos del anterior Gobierno dirigido por su hermano gemelo, Jaroslaw Kaczynski, para «defender los intereses polacos» en Lisboa y Bruselas.
Lech Kaczynski aprovechó su intervención para pedir que la UE, «un gran experimento en la historia de la humanidad», se abra a otros países, especialmente a «Ucrania y Georgia», una de las clásicas pretensiones de la diplomacia polaca.
Paradójicamente, Lech Kaczynski se venía oponiendo hasta ahora a ratificar un texto que él mismo negoció junto a su hermano gemelo, entonces primer ministro y actualmente líder del principal partido de la oposición, Jaroslaw Kaczynski, quien regresó de Lisboa presumiendo de haber obtenido importantes concesiones.
Y es que los gemelos Kaczynski lograron que el Tratado incluyese finalmente un protocolo con una referencia al llamado «Compromiso de Ioannina», un mecanismo que permite suspender una decisión de la UE, aunque no se tenga la minoría de bloqueo preceptiva.
Sin embargo, desde su derrota en las elecciones de 2007, el partido conservador de los Kaczynski retomó antiguas posturas euroescépticas y se enrocó en un discurso contrario a los acuerdos alcanzados en la capital portuguesa, por considerarlo una «amenaza para la soberanía polaca».
Desde entonces, los gemelos han acusado a los liberales, actualmente en el poder, de querer adoptar la Carta Europea de los Derechos Humanos, que Polonia y Gran Bretaña impidieron que se incluyera en el Tratado de Lisboa.
Según los hermanos Kaczynski, la Carta permitiría a Alemania reclamar indemnizaciones por los bienes abandonados en antiguos territorios germanos cedidos a Polonia tras la II Guerra Mundial.
También dijeron que el Tratado podría obligar a Polonia a reconocer los matrimonios entre homosexuales y, mucho peor, la adopción de niños por parte de este colectivo, a pesar de que desde Bruselas se dieron garantías al Ejecutivo polaco de que en ningún caso se forzaría al país a aceptar estos puntos.