Roma
El fiscal antimafia italiano, Piero Grasso, reconoció ayer que hubo negociaciones entre el Estado y el crimen organizado a principios de los años noventa. «Era un momento terrible. Era necesario acabar con la ola de atentados que comenzaron con el asesinato de (Giovanni) Falcone», dijo en alusión al asesinato del juez antimafia Falcone el 23 de mayo de 1992.
«Los contactos tenían que servir para acabar con esa oleada de atentados y para encontrar interlocutores creíbles», agregó el fiscal en una entrevista en televisión.
Preguntado sobre si considera normal que el Estado negocie con la mafia siciliana en circunstancias particulares, Grasso respondió: «El problema es no reconocer a Cosa Nostra un rol suficiente como para negocia con el Estado. Pero no hay duda de que este primer contacto creó expectativas que llevaron a ulteriores consecuencias».
En su intervención, el fiscal antimafia señaló además que la organización criminal comprendió, tras el asesinato de Falcone, que llevar a cabo el atentado contra su colega, el juez antimafia Paolo Borsellino, podía servir para acelerar las negociaciones con los representantes de las instituciones.