Oviedo, Luis MUÑIZ
La UE verá deslucida su cumbre de mañana y el viernes al haber aplazado ayer el Tribunal Constitucional checo, hasta el 3 de noviembre, su fallo sobre el recurso presentado por 17 senadores conservadores contra el Tratado de Lisboa.
La República Checa es el único país miembro que aún no ha ratificado el texto. Lo ha hecho su Parlamento, pero no su tozudo presidente, el euroescéptico Vaclav Klaus. Éste quiere que Chequia quede fuera de la Carta de Derechos Fundamentales y la Presidencia sueca parece haber dado con una fórmula para satisfacerle. Con todo, sin fallo del Constitucional, la cuestión checa sigue en el aire, y además persiste la amenaza de veto de Eslovenia, que exige lo mismo que Praga.
Los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete querían abordar en firme, en su reunión de esta semana, los nuevos nombramientos que emanan del Tratado, el de presidente estable de la UE y el de alto representante de política exterior, que verá reforzadas sus funciones.
Sin embargo, sin conocer previamente la decisión de la Corte Constitucional checa, a los líderes europeos sólo les queda hacer quinielas.
El ex primer ministro británico Tony Blair es el que suena con más fuerza para presidir la Unión, aunque los «tories» rechazan de plano esta posibilidad, al igual que el primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker, que ayer presentó su candidatura y puso en duda el europeísmo de Blair.
Por su parte, el ministro sueco de Exteriores, Carldt Bildt, se autodescartó como candidato para suceder a Javier Solana al frente de la diplomacia europea. Mientras, su homólogo español, Miguel Ángel Moratinos, evitó hacer quinielas sobre los nombramientos y afirmó que, «de momento», España no aspira a ocupar ninguno de los dos cargos.
Así las cosas, todo parece indicar que la cuestión no será abordada en profundidad hasta la celebración de una cumbre extraordinaria, que sería convocada en noviembre, una vez que el Constitucional checo se haya pronunciado sobre el Tratado.