Oviedo, E. F. / Agencias
Las posibilidades de que el ex primer ministro británico Tony Blair se convierta en el primer presidente no semestral de la historia de la Unión Europea son cada vez más escasas. La candidatura de Blair se da por dinamitada ya que, además de ser rechazada por los conservadores -primera fuerza en el Parlamento europeo-, tampoco ha logrado el apoyo de los socialistas, entre ellos el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, o el primer ministro portugués, José Sócrates.
Blair, desacreditado por su estrecha alineación con Bush en la guerra de Irak y por su nulo papel como representante del Cuarteto para Oriente Medio, no ha logrado remontar su curva ni siquiera gracias a la intensa campaña que ayer desarrolló su sucesor, el actual «premier», Gordon Brown. Ya no cuenta con el apoyo que meses atrás le brindaba el presidente francés, Nicolas Sarkozy. En cuanto a la canciller alemana, Angela Merkel, sigue guardando muy bien sus cartas.
En un último intento de llamar la atención sobre su persona, Blair difundió ayer por la tarde un comunicado en el que se mostró dispuesto a aceptar el cargo si en verdad requiere a alguien «de peso», está dotado de contenido y no se limita a presidir los consejos europeos.
Con Blair prácticamente descartado -y aunque la Presidencia sueca explicó a primera hora que en la cumbre no se va a hablar de nombramientos-, se descubrieron algunos tapados, como el ex primer ministro irlandés John Bruton, que se suma al «premier» luxemburgués, Jean-Claude Junker, y al holandés, Jan Peter Balkenende.
Más allá de los nombres, lo que sí parece perfilarse de modo claro es un acuerdo de fondo entre conservadores y socialistas para que los primeros se queden con la Presidencia y los segundos proporcionen al sucesor de Javier Solana al frente de la Alta Comisaría para la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC). Este cargo, que con Lisboa no queda transformado en un auténtico Ministerio de Exteriores, verá, sin embargo, cómo se acrecientan sus competencias.