Oviedo / Washington
Los republicanos lograron ensombrecer ayer el primer aniversario de la elección presidencial de Barack Obama al hacerse con los dos puestos de gobernador que estaban en juego en las elecciones del martes en EE UU. Virginia y Nueva Jersey, que hace un año apoyaron a Obama, votaron republicano el martes pese a la intensa implicación del presidente durante la campaña electoral. Los republicanos no ganaban en Nueva Jersey desde 1979.
Bob McDonnell, de 55 años, un antiguo fiscal general del Estado, cumplió los pronósticos al proclamarse vencedor en Virginia. Su rival, el senador Creigh Deeds, apenas logró un 41 por ciento de los sufragios frente al 59 por ciento del vencedor.
Durante la campaña, McDonnell, un «conservador muy conservador», evitó ahondar en asuntos sociales como el aborto y se concentró en la situación económica del Estado, una estrategia que indudablemente le dio buenos resultados. Deeds, por su parte, no logró sacudirse su sambenito de ser un político de izquierda en un Estado tradicionalmente conservador.
En Nueva Jersey, el republicano Chris Christie se impuso al gobernador saliente, el demócrata Joe Corzine, en una contienda en la que los pronósticos fueron reservados hasta el final debido al estrecho margen entre los candidatos.
Los demócratas se llevaron el premio de consolación, gracias a la victoria de Bill Owens en las elecciones a la Cámara de Representantes en el distrito 23 de Nueva York. Owens se benefició de la división de los republicanos, que presentaron dos candidatos, uno de corte conservador clásico y otro alineado en posiciones «neocon» de extrema derecha.
Ante la insistencia de los medios de comunicación y de los militantes republicanos en que los resultados de las contadísimas elecciones del martes son un varapalo a Obama, y en particular a su proyecto de reforma sanitaria, el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, salió ayer por la tarde a la palestra para asegurar que los comicios de Nueva Jersey y Virginia no son un referéndum sobre Obama.
Gibbs declaró que los electores de Virginia y Nueva Jersey se pronunciaron el martes sobre «asuntos muy locales que no tenían que ver con el presidente». Indicó Gibbs que los votantes de ambos estados estaban preocupados por la economía y añadió: «No creo que el presidente necesitase una elección o un sondeo a pie de urna para llegar a esa conclusión».
Las derrotas en esos dos estados han planteado interrogantes sobre la influencia del presidente para movilizar a las bases del partido y para atraer a los legisladores moderados que necesita para impulsar su agenda legislativa.