MARÍA JOSÉ IGLESIAS
Suspende o aprueba. Ni uno ni otro. Progresa con lentitud, al ritmo al que se van creando empleos en Estados Unidos. Una lenta cadencia que sólo interrumpen los fuegos artificiales que llegan de fuera. En Europa se le sigue venerando como un Dios. En su país se le ataca sin piedad desde las filas republicanas y se le cuestiona desde las suyas. Barack Obama es humano y tiene debilidades. Algunas tan sonadas como la fiesta de cumpleaños por el primer año del Perro Bob, el viaje a New York con Michelle en el Air Force One para cenar o la casa de vacaciones de verano en Marthat's Vineyard por 10.000 dólares a la semana. A ello se une una la actitud que raya en lo prepotente con los periodistas que no le ríen las gracias. Ningún corresponsal extranjero ha conseguido entrevistarle. Se las ven y se las desean para hacer preguntas en las conferencias de prensa. Tampoco pasa por alto la falta de tacto de la primera dama en su trato con la realeza o el saludo del presidente a la Infanta Cristina en una cena a la que no acudió en Washington. Por si fuera poco, las guerras siguen activas. La indecisión en la estrategia para Afganistán ha quedado de relieve en las últimas semanas. De momento Obama sigue la estela de Bush: pedir tropas a los aliados, entre ellos España. Ese fue el principal propósito del viaje del presidente español a Washington. Los progresistas están decepcionados. El presidente ha pagado el apoyo de los cubanos de Florida endureciendo el embargo, maquillado con las autorizaciones de viajes a Cuba para familiares, que al fin y al cabo, llevan años haciéndose a través de México.
El máximo nivel de preocupación llegó esta semana a las filas demócratas con las elecciones celebradas el martes para escoger a los gobernadores de New Jersey y Virginia, casi casi a las puertas de la Casa Blanca. Obama tuvo que celebrar un año de su victoria con dos derrotas demócratas, un mal presagio para lo que allí llaman las «midterm election» que tocan en 2010, para renovar parte del Congreso. Al menos la casa de la Abuela Sara, en Kogelo (Kenia) ya tiene placas de energía solar, la lucha contra el cambio climático empieza en África. Tal vez ha sido un regalo de Al Gore, uno de los grandes apoyos de Obama.
Las meteduras de pata de Hillary y esa manifiesta falta de sintonía con la secretaria de Estado -son Rajoy y Aguirre en versión Ala Oeste- tampoco ayudan a mejorar las cosas. La figura de Obama sigue fascinando en el mundo, pero sus políticas no acaban de convencer a los americanos.
El martes se reunió con Barroso para discutir la estrategia para Afganistán. Dicen en Bruselas que al presidente de la Comisión le encanta que se le compare con Obama. Él ha conseguido la reelección. Obama aún está en camino.