Washington
La Cámara de Representantes de EE UU inició ayer el debate sobre la reforma sanitaria impulsada por el presidente, Barack Obama, que, de ser aprobada en la votación prevista para anoche -pasada madrugada en España- supondrá los mayores cambios en el sector desde la creación del programa Medicare para ancianos en 1965. El propio Obama acudió por la mañana al Congreso para respaldar su proyecto.
Tanto Obama como destacados miembros de su Gobierno hablaron con los demócratas indecisos, mientras los líderes de la Cámara de Representantes trabajaban duramente para asegurarse los 218 votos necesarios para la aprobación.
De momento han sido convencidos decenas de demócratas moderados, preocupados por las previsiones relativas al aborto y a la inmigración que incluye el proyecto, además del elevadísimo coste del programa, estimado en más de un billón de dólares, y su posible impacto en el déficit presupuestario.
«Ahora confío en que tendremos los votos para aprobarla», dijo el presidente de la Comisión de Energía y Comercio de la Cámara, Henry Waxman, sobre la reforma. No obstante, unos 40 demócratas moderados aseguran que se opondrán al proyecto a menos que se garantice que los subsidios federales no serán usados para pagar abortos. Los demócratas tienen 258 escaños en la Cámara baja, frente a los 177 de los republicanos.
Si la propuesta es aprobada, aún quedará bastante por hacer para que emerja una ley definitiva. Tras la Cámara de Representantes, el pleno del Senado tendrá que votar su propia versión del proyecto. Posteriormente ambos textos deberán ser armonizados y las dos cámaras tendrán que pronunciarse de nuevo sobre ese documento final.