Teherán / Oviedo
Tras dos semanas de dilaciones y un enconado pulso interno, el presidente de la Comisión de Seguridad Nacional y Asuntos Exteriores del Parlamento iraní, Alaedin Boroujerdi, anunció ayer que su país rechaza la oferta de las potencias para procesar su uranio en el exterior.
Aunque las palabras de Boroujerdi, un importante representante del ala conservadora del régimen, no pueden calificarse de respuesta oficial, sirven de preámbulo y colocan a la comunidad internacional ante otra encrucijada y la obligan a responder de nuevo al desafío iraní.
Irán insiste en que necesita ese material para mantener activo el reactor nuclear de investigación médica que tiene en Teherán y argumenta que, bajo el Tratado de No Proliferación, la AIEA está obligado a proporcionárselo.
La comunidad internacional reconoce este derecho, pero quiere garantías de que el combustible no va a ser utilizado para uso militar.
La decisión, de ser ratificada, supone un revés para EE UU, Francia y Rusia, que el pasado 21 de octubre propusieron al régimen de los ayatolás enviar al exterior el uranio que el país almacena al 3,5 por ciento y recuperarlo tiempo después enriquecido al 20 por ciento para poder alimentar su reactor civil.
Pero la propuesta generó un amplio debate en Irán, que se encuentra dividido desde la polémica reelección del presidente, Mahmud Ahmadineyad, cuya victoria electoral la oposición denuncia como fraudulenta.
Esta misma semana, el Gobierno iraní había indicado que deseaba la formación de un comité de expertos y una nueva ronda de diálogo para «aclarar algunas dudas técnicas y económicas» del acuerdo antes de dar una respuesta definitiva.
La decisión coloca de nuevo a la comunidad internacional ante un escenario de sanciones. Según fuentes diplomáticas consultadas por «Efe», las potencias esperarán a conocer el informe de los inspectores de la AIEA sobre la nueva planta de enriquecimiento de uranio que el régimen iraní construye en Qom, a 150 kilómetros de Teherán.
El presidente ruso, Dmitri Medvédev, no descartó ayer la imposición de sanciones si no avanzan las negociaciones con Irán.
«Yo no querría que todo acabara con la imposición de sanciones internacionales, ya que las sanciones, por regla general, son una vía difícil, un rumbo peligroso. Pero si no hay avances, nadie puede descartar esa posibilidad», dijo Medvedev en una entrevista con el semanario alemán «Der Spiegel».