Teherán
Irán abrió ayer un nuevo frente de conflicto con Estados Unidos al acusar de espionaje a los tres jóvenes norteamericanos arrestados hace más de tres meses cuando al parecer hacían senderismo en la frontera con el Kurdistán iraquí.
En una breve declaración, el fiscal general de Teherán, Abas Yafari Dolatabadi, señaló, no obstante, que la investigación sigue abierta y que en breve se darán nuevas noticias al respecto.
Los tres arrestados, que, de ser considerados culpables, podrían ser condenados a la pena capital, han sido identificados como Shane Bauer, de 27 años; Sarah Shourd, de 31, y Josh Fattal, también de 27. Los tres fueron capturados el pasado mes de julio cuando caminaban cerca de la frontera entre Irak e Irán, en pleno Kurdistán.
Desde entonces, Washington ha demandado su liberación al alegar que simplemente eran excursionistas que se perdieron y entraron en territorio iraní por error.
«Creemos con total convicción que no existen pruebas que sostengan cargo alguno», respondió ayer desde Berlín la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton. «Vamos a insistir, en nombre de esos tres chicos y de su familias, para que Irán sea clemente, los libere y puedan volver a casa», agregó.
Expertos y diplomáticos han sugerido que el momento y las condiciones en que se produce esta acusación podrían estar relacionadas con el pulso que Irán y EE UU sostienen a causa del conflicto nuclear.
El pasado 18 de octubre, EE UU, Rusia y Francia presentaron una propuesta a Irán para enviar su uranio al exterior y recuperarlo tiempo después enriquecido al 20 por ciento, en las condiciones que reclama para mantener en marcha el reactor nuclear de uso civil de Teherán.
Aunque aún no ha dado una respuesta oficial definitiva, Irán ha ofrecido señales de que podría rechazar la proposición, que ha generado un enconado debate en el seno de un régimen que perece dividido desde que el pasado 13 de junio estallaron las protestas populares por la reelección del presidente, Mahmud Ahmadineyad.
La esperanza para las familias de los tres jóvenes es el reciente caso de la periodista estadounidense de origen iraní Roxana Saberí, quien fue detenida en enero y tras un proceso parecido fue acusada de espionaje dos meses después. Saberí fue puesta en libertad en mayo tras ser juzgada y condenada a cinco años de prisión, y poco antes de que EE UU liberara a cinco ciudadanos iraníes que mantenía retenidos en Irak.