Moscú / Oviedo
El presidente ruso, Dmitri Medvedev, instó ayer a una profunda modernización económica e industrial del país para dejar de vivir de las rentas heredadas de la extinta URSS. «No hemos conseguido abandonar la estructura primitiva de nuestra economía y la humillante dependencia de las materias primas», subrayó el líder ruso al presentar en el Kremlin ante el Gobierno y el Parlamento su segundo mensaje anual sobre el estado de la nación.
Medvedev subrayó que Rusia heredó de la URSS desde la industria del gas y el petróleo hasta las tecnologías espaciales y nucleares. El jefe del Kremlin resaltó que «vivir a costa de las exportaciones frena el desarrollo innovador» de la economía rusa, que «resultó más afectada que otras por la crisis financiera global» y que sigue siendo «vergonzosamente poco competitiva».
Estas palabras han sido interpretadas como una crítica implícita a su antecesor y actual primer ministro, Vladimir Putin, que no modernizó el país en sus ocho años de «vacas gordas», pese a los altos precios del crudo. No obstante, otros analistas insisten en que no hay choque, sino el anuncio de un cambio de dirección, consensuado entre Medvedev y Putin, ante la dureza con la que la crisis está golpeando a Rusia y una vez que los ocho años «autoritarios» de Putin estabilizaron a un país dominado por las guerras de mafias.
De hecho, Medvedev consideró «satisfactoria» la gestión de la crisis hecha por el Gobierno, aunque declaró «inviables» las gigantescas corporaciones estatales creadas por Putin y ordenó a su Ejecutivo reducir el peso estatal en la economía.
En su discurso, pronunciado ante Gobierno y legisladores, Medvedev indicó que Rusia, para obtener el «estatus de gran potencia», necesita «una profunda modernización tecnológica basada en los valores y las instituciones democráticas».
«En vez de la economía primitiva basada en las materias primas crearemos una economía inteligente que producirá conocimientos, nuevos bienes y tecnologías útiles para la gente», prometió en su intervención, transmitida en directo por la televisión estatal. Agregó: «En vez de la sociedad arcaica, en la que los líderes piensan y deciden por todos, nos convertiremos en una sociedad de personas inteligentes, libres y responsables».
Medvedev expuso «cinco vectores estratégicos para modernizar el país»: Rusia debe ser líder en producción, transporte y empleo de la energía; elevar a un nuevo nivel las tecnologías nucleares; perfeccionar las tecnologías informáticas; disponer de un sistema global de transmisión de información, y, por último, producir medicinas y equipos médicos de última generación.
Además, exigió implantar en toda Rusia en cinco años la banda ancha de internet, la televisión digital y la telefonía móvil de cuarta generación, y propuso reducir los once husos horarios que tiene Rusia para elevar la coordinación y la eficacia de la economía.
En política exterior, aseguró que Rusia mantendrá su apoyo a la ONU, la lucha antiterrorista y la seguridad europea, pero subrayó que la principal tarea de la diplomacia será atraer inversiones y tecnologías.
Medvedev exigió además continuar el rearme del Ejército y la lucha contra la corrupción y perfeccionar el sistema político ruso, y sugirió una serie de medidas para liberalizar la legislación electoral rusa, Al tiempo, advirtió a la oposición que «la consolidación de la democracia no significa el debilitamiento de la ley y el orden». La prensa critica con el Kremlin reaccionó afirmando que, en el mejor de los casos, solo habrá «retoques cosméticos».