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Oviedo, E. F. / Agencias
El presidente de EE UU, Barack Obama, inició ayer una gira de una semana por Asia dejando tras de sí una agria polémica sobre la futura estrategia en Afganistán, que los analistas han tenido que leer en parte entre líneas pero que se percibe con toda precisión.
Obama se reunió el miércoles, por octava vez, con sus principales asesores para Afganistán pero no admitió ninguna de las cuatro hipótesis puestas sobre la mesa. Los diferentes escenarios varían en el número de refuerzos que se enviarán al país centroasiático -entre 10.000 y 40.000-, pero coinciden todos en no fijar ninguna fecha para poner fin a la aventura afgana.
El malestar de la Casa Blanca ante esta situación se fue conociendo ayer con cuentagotas. Primero se difundió que el embajador de EE UU en Afganistán, Karl W. Eikenberry -un próximo a Obama que comandó las tropas en la zona en 2006 y 2007-, se ha opuesto en dos recientes misivas al Presidente al envío de refuerzos.
Para el legado, el turbiamente reelegido presidente Karzai -nunca visto con buenos ojos por el líder demócrata- debe comprometerse antes a fondo en la lucha contra la corrupción y garantizar una implicación creciente de las fuerzas de seguridad afganas en el combate antitalibán. Eikenberry considera que se está dejando de lado la ayuda al desarrollo y que el envío de refuerzos hará que las tropas locales se impliquen menos aún de lo que lo hacen. Por supuesto, las cartas del embajador no han gustado en el Pentágono.
Horas después de conocerse las misivas, la Casa Blanca filtró algunos aspectos de la reunión del miércoles entre Obama y sus asesores. Fue ahí cuando se supo que Obama exige modificaciones en las estrategias que se le proponen. Por ejemplo, la cadena de televisión CNN destacó que el Presidente quiere que la estrategia que se adopte explicite «cuándo y cómo las tropas estadounidenses estarán en condiciones de devolver la responsabilidad al Gobierno afgano». O lo que es lo mismo: cuál es la fecha de caducidad de la guerra afgana, cuya posibilidad de convertirse en el Vietnam de Obama no se subestima en la Casa Blanca.
En suma, según la cadena estadounidense, Obama quiere dejar claro que el compromiso de EE UU con Afganistán «no tiene un final abierto». En plena coincidencia, además, con su embajador, Obama quiere garantías respecto a las dudas que le suscita el Gobierno de Karzai.
En medios de EE UU se considera que la Casa Blanca no tomará una decisión antes del próximo jueves, fecha final de la gira asiática que emprendió ayer. Mientras tanto, las encuestas aprietan: un 56 por ciento de estadounidenses se opone al envío de refuerzos a Afganistán.
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