Bruselas, J. M. SANZ
Entre ellos, sin campaña previa y a puerta cerrada: así será esta semana la elección del primer presidente estable de la Unión Europea, con dos «escuelas» de pensamiento todavía enfrentadas.
El primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, ha convocado a sus colegas a una cena el próximo jueves en Bruselas para elegir a las personalidades que ocuparán los dos cargos que crea el nuevo tratado europeo, el de presidente estable y el de alto representante para la Política Exterior.
El propio Reinfeldt ha admitido en público que el acuerdo no está hecho y que, en lo que respecta a la Presidencia estable, los gobernantes europeos no coinciden ni siquiera sobre el perfil del puesto. Mientras unos defienden la necesidad de situar en el cargo a una personalidad relumbrante, otros se inclinan por algo mucho más modesto.
El ex primer ministro británico Tony Blair sería el mejor ejemplo, según Londres, de un presidente experimentado, con proyección internacional y «capaz de parar la circulación» en nombre de Europa si los asuntos mundiales lo requieren.
A su vez, el belga Herman van Rompuy, el holandés Jan-Peter Balkenende o la letona Vaira Vike-Freiberga serían representantes de lo segundo. Van Rompuy se ha ganado la simpatía de los partidarios de la escuela modesta, al describir al presidente estable como alguien «que no alterará el equilibrio institucional». Lo único que ha dejado claro Reinfeldt es que se busca a alguien que sea o haya sido primer ministro, es decir, algún miembro actual o reciente del mismo selecto club que va a presidir, el Consejo Europeo.