Berlín / Oviedo
El jefe del Estado Mayor del Ejército alemán, Wolfgang Schneiderhan, y el secretario de Estado de Defensa, Peter Wichert, dimitieron ayer después de que el diario «Bild» publicara que el Ministerio ocultó información sobre la muerte de civiles en un bombardeo en Kunduz a principios de septiembre pasado. En el bombardeo murieron 142 personas, en su mayoría civiles, algo que fue negado durante días por las autoridades de la Defensa alemana, que insistieron en que el bombardeo sólo afectó a rebeldes talibanes.
El actual ministro de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, comunicó las dimisiones del militar de máxima graduación en Alemania y del secretario de Estado en una comparecencia ante el Bundestag, la Cámara baja del Parlamento alemán.
El «Bild» reveló ayer un informe militar según el cual el Ministerio «tenía claros indicios» de que había habido numerosos muertos civiles «apenas horas después del ataque» aéreo, ordenado por un militar alemán. Pese a ello, el entonces ministro de Defensa, Franz Josef Jung, que actualmente ocupa la cartera de Trabajo, afirmó durante días que el bombardeo sólo había afectado a insurgentes.
Jung rechazó asumir responsabilidades ante el Bundestag, donde se presentó como víctima por no recibir en su día el informe de una unidad militar alemana sobre el bombardeo detonante del escándalo. Jung hizo en su defensa lectura de una cronología de los acontecimientos desde el bombardeo del 4 de septiembre para explicar que no se sentía implicado en la ocultación de información sobre la polémica acción militar.
No obstante, la canciller, Angela Merkel, no parece dispuesta a dejar pasar las cosas sin más, por lo que Jung se encuentra en la cuerda floja y no se descarta que tenga que renunciar a sus actuales funciones ministeriales.
«Siempre he presionado para que se aclaren las cosas totalmente», afirmó la canciller, quien expresó su «total confianza» en el actual ministro de Defensa, Karl Theodor zu Guttenberg, y su «total apoyo» para esclarecer lo sucedido.
En cuanto a Jung, se limitó a comentar que éste haría ayer por la tarde una declaración ante el Bundestag. Merkel expresó su confianza en que esta declaración se haga con «el mismo espíritu de lo que significa la responsabilidad en Afganistán, y que deseamos una total transparencia».
El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, ha tenido poca fortuna en su primera visita oficial a Alemania, ya que, además de vivir de cerca el terremoto político desencadenado en el Ministerio de Defensa, Berlín le ha dado largas a su petición de que envíe más soldados a Afganistán.
En respuesta, Merkel precisó que no hará públicas nuevas cifras hasta que no se haya celebrado la conferencia internacional sobre Afganistán, prevista, según dijo, para el 28 de enero en Londres. En esa conferencia, y una vez que, la próxima semana, el presidente Obama haya hecho pública su nueva estrategia para Afganistán, se precisarán las modalidades de aportación militar, así como las sumas y actuaciones que se destinarán a ayuda al desarrollo del país centroasiático. Una ayuda sin la que, se estima, los combates serán estériles.