Dublín / Oviedo
La Iglesia católica irlandesa gozó de inmunidad durante décadas para ocultar los abusos sexuales contra menores cometidos por sacerdotes de la archidiócesis de Dublín, reveló ayer un informe elaborado por una comisión presidida por la juez Yvonne Murphy.
La connivencia entre la jerarquía eclesiástica y las autoridades del Estado, entre ellas la propia policía y la fiscalía, sirvió, dice el texto, para encubrir los esfuerzos de cuatro obispos dublineses por mantener el «prestigio de la Iglesia, proteger a los pederastas y los bienes de la Iglesia, y evitar escándalos».
Ésas son algunas de las conclusiones de un documento presentado públicamente ayer por el ministro irlandés de Justicia, Dermot Ahern. El texto, de 700 páginas, ha visto la luz con una serie de cortes para no prejuzgar presentes o futuros casos penales, al tiempo que se ha eliminado toda referencia a aquellos sacerdotes que se enfrentan a procesos penales ante el temor de que pudiera afectarlos, por lo que se utilizan seudónimos para proteger la identidad de otros.
El informe, fruto de tres años de investigaciones, asegura que la política y tácticas ocultistas de la Iglesia se pueden resumir bajo la frase de tintes mafiosos «no preguntes, no hables».
«Las autoridades del Estado», prosigue el informe, «facilitaron el encubrimiento al no cumplir con sus obligaciones y asegurar que la ley se aplicase a todos por igual, lo que permitió a las instituciones de la Iglesia mantenerse fuera del alcance del proceso legislativo normal».
Aunque la comisión no ha hallado pruebas de la existencia de una red organizada de pederastia en la archidiócesis dublinesa, sí que detalla varios casos tan estremecedores como los recogidos en el llamado «Informe Ryan» del pasado mayo. Un sacerdote, por ejemplo, admitió haber cometido abusos sexuales contra más de 100 menores, mientras que otro confesó que, durante sus más de 25 años de ejercicio del ministerio, abusaba de menores cada «dos semanas».
En otra instancia, el informe denuncia que la policía irlandesa (la Garda) tardó 20 años en presentar cargos contra un sacerdote. En su presentación del informe, Ahern prometió que los sacerdotes pederastas serán juzgados y pidió perdón a las víctimas tanto por los abusos como por la política de ocultismo seguida por el Estado para proteger a la Iglesia católica.