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Washington / Kabul / Oviedo
La clave de la guerra en Afganistán está en Osama bin Laden, el fundador de Al Qaeda. Al menos esa parece ser la opinión del comandante en jefe de las tropas de EE UU en el país asiático, general Stanley McChrystal. «No creo que podamos derrotar finalmente a Al Qaeda hasta que no sea capturado o esté muerto», aseguró el general en su comparecencia ante el Comité de Exteriores del Senado de EE UU.
El problema es que tanto el Pentágono como los poderosos servicios secretos militares pakistaníes (ISI) han declarado en varias ocasiones que, desde hace años, carecen de cualquier dato sobre Bin Laden, empezando por saber si sigue con vida o ha fallecido en los últimos años.
«Es una figura icónica en estos momentos. Su supervivencia envalentona a Al Qaeda como una organización con franquicias por todo el mundo», aseguró McChrystal, quien precisó, no obstante, que la caída del líder islamista no supondría la inmediata desaparición de la red terrorista.
En todo caso, las declaraciones de McChrystal enlazan con la reducción de objetivos en Afganistán formulados por el presidente Obama desde el principio de su mandato. Ante el curso adverso de la guerra, el viejo objetivo de liquidar a los talibanes, bien asentados en la tierra de nadie que une y separa Afganistán y Pakistán, ha sido sustituido por el de derrotar a Al Qaeda.
Con este fin, Obama ha aprobado el envío de hasta 33.000 soldados a Afganistán, que se verán reforzados por 7.000 más de la OTAN. Con estos refuerzos, EE UU contará con unos cien mil soldados sobre el terreno, apoyados por 49.000 de la OTAN. Obama también ha fijado la fecha de julio de 2011 para iniciar la salida del país, aunque sin explicar ningún calendario ni cuál sería el volumen de efectivos que retiraría.
Los refuerzos comenzarán a llegar en las próximas semanas, lo que, según explicó ayer sobre el terreno el secretario de Defensa de EE UU, Robert Gates, dará al Ejército «lo que necesita» para derrotar a los talibanes. «Tenemos todas las piezas para conseguir el éxito aquí», aseguró Gates.
Gates, que se entrevistó con el presidente afgano, Hamid Karzai, se mostró «sorprendido» por la predicción de éste de que hasta dentro de quince o veinte años Afganistán no dispondrá de unas fuerzas de seguridad que no requieran la ayuda internacional.
El objetivo de EE UU es poner en pie en pocos meses suficientes efectivos locales bien entrenados y pertrechados para poder iniciar la retirada de las tropas occidentales. El responsable de supervisar el entrenamiento de las fuerzas afganas, teniente general William Caldwell, anunció ayer que EE UU pretende incrementar en un 50 por ciento el volumen de las fuerzas militares y policiales de Afganistán de aquí a julio de 2011, la fecha prevista para el inicio del repliegue occidental. Ese incremento situaría en 282.000 los efectivos afganos, de los que 159.000 serían militares.
En cualquier caso, Washington admite que la violencia en Afganistán podría registrar un repunte en la primavera y verano próximos. Así lo vaticinó ante el Congreso el comandante del Mando Central del Ejército, general David Petraeus.
Respecto a Irak, el jefe del Estado Mayor Conjunto de EE UU, Mike Mullen, aseguró que el retraso de las elecciones de febrero a marzo no impedirá iniciar en agosto de 2010 la retirada de las tropas estadounidenses tal y como está previsto.
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